14/05/2008

FRONTERAS

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Ilustración: Windows (Ivan Koulakov)

 

No soporto más esta ciudad. No soporto sus traiciones y su juego sucio…

 

Cada calle, cada esquina, cada charco que forma la lluvia es un recuerdo tuyo. Un reflejo fugaz que juega al escondite entre los rincones polvorientos de mi memoria. De la memoria de ti, tan dolorosamente fresca. Tan sutilmente cruel…

 

No soporto esta ciudad llena de ti que no me deja verte. Llena de ti y de mí ayer, de mí hoy, de mí mañana. De ti ya nunca…

 

Llena de soledades y de nadies que se alían contigo para esconderte y alejarte. Para disfrazarte de pasado, de fantasma, de alucinación terminal.

 

Cada sonido, cada voz entre las voces, me recuerda tus silencios, tus susurros, tus palabras partidas. El lenguaje que tenía que traducir de cada una de tus miradas de niebla.

 

Todo está lleno de ti pero sin ti. Tengo un vacío saturado, una soledad aglomerada. Camino por la ciudad perseguida por una procesión de invisibles, de intangibles… Cada calle es una fecha que ya no existe en el calendario.

 

Cada mañana es despertar fuera de ti, lejos de ti, en mi propia cama, que nunca había sido tan poco mía. Tan extraña y tan ajena. Y cada vez me cuesta más levantarme sin tus besos en el hombro, sin tu abrazo por la espalda.

 

Antes, contigo, yo sabía que amanecía cuando hacíamos el amor. Aunque fuera casi mediodía. Tú marcabas el tiempo, lo dominabas, y el reloj enmudecía hasta que me susurrabas al oído, apartando el pelo de mi cara: “Buenos días”. Y sí, era en ese momento cuando empezaba el día.

 

Y la noche… La noche no llegaba nunca antes de tu primera caricia furtiva, como si fuera siempre la primera vez que nos rozábamos las pieles. Y jugábamos a hacer invisibles a todos los que nos rodeaban. O a matarlos de envidia. O de vergüenza… ¡Qué importaban ellos en una ciudad que era sólo nuestra!

 

Ahora esta ciudad es sólo mía y no la quiero. Quise regalártela cuando te fuiste. Pero tú no quisiste dar ni recibir nada. Ni ciudad, ni explicaciones, ni motivos, ni recuerdos. Quisiste irte vacío, de la misma manera que te encontré cuando nos conocimos. Y yo me quedé con unas calles llenas de dudas y unas noches dueñas de sombras huérfanas.

 

Pero ya no lo soporto más. No soporto esta ciudad que guarda para sí todo lo que antes era nuestro. Que contamina todos mis recuerdos. Que silencia tus pisadas. Que separa nuestras rutinas.

 

No soporto esta ciudad a la que le has pintado líneas fronterizas, invisibles pero infranqueables, entre tu cuerpo y el mío.  

Miércoles, 14 de Mayo de 2008 17:52 Autor: Luces-D-Bohemia. Enlaza este artículo. Tema: DENTRO DE MÍ. Hay 1 comentario.

18/04/2008

IS THERE A LIFE BEFORE DEATH?

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Ilustración: Furia (Cristina de Padua)

 

Is there a life before death? Esto que, como ha contado Punset en varias ocasiones, es un graffiti que vio en Nueva York hace muchos años, resume todos mis sentimientos. ¿Hay vida antes de la muerte?

 

En algún momento, hace ya unos años, me perdí. Perdí la perspectiva, la lógica, el sentido y las ganas. No recuerdo un solo hecho concreto que me llevara a esta situación. No he vivido ningún trauma suficientemente fuerte como para acabar en este estado. Simplemente, ocurrió…

 

En algún momento, empecé a hacerme preguntas. Preguntas que no tienen respuesta. Preguntas que no tienen sentido.

 

¿Tiene sentido vivir para acabar muriendo? Desde un punto de vista romántico e idealista, poético incluso, habría miles de respuestas, lo sé. Pero desde un punto de vista práctico… ¿tiene sentido construir algo cuyo destino irremediable es la desaparición? ¿qué sentido tiene el instinto de supervivencia?

 

En algún momento, me rendí. Se me agotaron las ambiciones, la capacidad de soñar, las ganas de vivir deprisa, la fe, el inconformismo, la sed de respuestas, el nihilismo, la rebeldía, el descaro, el espíritu combativo, los ideales, los proyectos, la curiosidad, la imprudencia… Todo aquello que había ido acumulando durante mi adolescencia y que servía de alimento a mi alma (-¿Existe el alma?-).

 

Hoy, muchos, me dicen que todo esto forma parte del proceso natural de maduración del ser humano. Que le ocurre a todos y que es completamente normal. Que la vida, los años, el paso del tiempo, te exigen madurar. Y yo, que desde hace algunos años no le encuentro sentido a nada, me pregunto: ¿Madurar? ¿Para qué? ¿Qué sentido tiene madurar?. Después de preguntármelo muchas veces, sólo he encontrado una respuesta: Madurar es darse cuenta de que la muerte está cada día más cerca de nosotros.

 

Recuerdo un fragmento del libro Donde el corazón te lleve"Si la vida tiene un sentido -te dirá la voz-, ese sentido es la muerte, todas las demás cosas sencillamente giran alrededor de ella. Vaya descubrimiento (...), que hemos de morir lo sabe hasta el último de los hombres. Es cierto, con el pensamiento lo sabemos todos, pero saberlo con el pensamiento es una cosa y saberlo con el corazón es otra completamente distinta".

 

En algún momento, no recuerdo cuándo, supe con el corazón que el único sentido de la vida es la muerte.

 

Y ese día, empecé a morir.

Viernes, 18 de Abril de 2008 11:53 Autor: Luces-D-Bohemia. Enlaza este artículo. Tema: DENTRO DE MÍ. Hay 7 comentarios.

04/04/2008

COMO SIEMPRE D. (VI)

D. habla casi todas las noches con mi padre. Antes de acostarse, sale al jardín, mira hacia el cielo y saluda con la mano. Entonces, empieza a hablar, sin dejar nunca de mirar al cielo. Hace pausas, como si estuviera escuchando y asiente con la cabeza. Sigue hablando, gesticula y, de vez en cuando, sonríe. Al rato, entra de nuevo en casa y nos dice que papá nos manda muchos besos. Le pregunto sobre la conversación que han tenido y me dice que han estado hablando de lo que han hecho ambos durante el día, que le ha dicho a papá que está cuidando mucho de todos nosotros y que papá le ha dicho que está muy orgulloso de él y que le quiere mucho. Después nos besa a todos en la frente o en la cabeza, como hace siempre, nos da las buenas noches y se acuesta. Mi madre me mira con los ojos húmedos y me dice: “A veces llego a creer que tu padre le habla de verdad”. Y yo, cuando le observo y le escucho en silencio, también podría llegar a abandonar mi ateísmo y mi escepticismo. A veces pienso que si realmente mi padre siguiera existiendo, sin duda escogería a D. para comunicarse con nosotros. Porque él es el más puro, el más natural, el único libre por completo de cualquier prejuicio, el que tiene la conciencia más intacta y más limpia… el mejor receptor, sin duda, de cualquier mensaje de amor.  

Ayer, tres de abril, se cumplieron dos años de la muerte de mi padre. Hace 2 días, el pasado dos de abril, se celebró por primera vez el Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo. Dos hechos que, para cualquier persona, no tienen relación. Para mí sí. Mi padre, junto a mi madre, fue una de las personas que más luchó por dar a conocer al mundo este trastorno. Fueron ambos pioneros en nuestro país del movimiento asociativo en torno al autismo. Fueron los primeros que empezaron a llamar a mil puertas buscando ayuda y aportando información. Hoy aún hay mucha gente que no sabe lo que es el autismo. Hace casi 40 años, cuando mis padres empezaron su lucha, podría decirse que ni siquiera existía. A D. lo diagnosticaron correctamente a los 9 años. Hasta ese momento pasó por decenas de médicos que decidieron etiquetarle con otros muchos nombres: loco, subnormal, sordo… alguno llegó incluso a decirle a mi madre que la que estaba enferma era ella, porque el niño era perfectamente normal. Y era cierto que D., físicamente, lo parecía. Era un niño guapo, sin ningún rasgo externo de anomalías. Pero mi madre, primeriza en el campo de la maternidad, sabía que no era normal que D. se autolesionara, que con siete años cumplidos no hubiera pronunciado ninguna palabra, que gritara cuando anochecía, que diera vueltas y saltos sobre sí mismo, que no quisiera nunca ser abrazado, que no diera besos, que no mirara a los ojos cuando le hablaban, que no jugara… A los seis años uno de los médicos le dijo a mi madre: “voy a serle franco. Su hijo es subnormal. Nunca se va a curar y nunca será capaz de hacer nada por sí mismo. Tendrá usted que alimentarle, vestirle y lavarle toda la vida. Debería ingresarle en un centro”. Y mi madre, una vez más, no se rindió. No aceptó lo que le decían. Y siguió luchando, con el apoyo incondicional de mi padre. Ambos tomaron un día la decisión más sabia a mi juicio. Asumido ya que D. nunca podría ser ingeniero, ni profesor, ni albañil, ni científico, decidieron que querían que D. fuera, simplemente (¡¡simplemente!!) feliz. Se dedicaron a estudiar y analizar cada una de sus reacciones para comprenderlas, a enseñarle con infinita paciencia pequeñas cosas cotidianas para que tuviera una cierta autonomía (tardaron 3 meses en enseñarle a atarse los cordones de los zapatos) y, poco a poco descubrieron, de manera autodidacta, que el mejor tratamiento para un autista era quererle y aceptarle.  

Hoy, si le preguntas a D. que si es feliz, te contesta sin dudarlo: “Sí, mucho”. Le preguntas por qué y vuelve a contestar con una confianza plena: “Porque todo el mundo me quiere”.  

Así de fácil. Así de simple. Sin esos grises que nos empañan al resto la vida. 

Viernes, 04 de Abril de 2008 10:53 Autor: Luces-D-Bohemia. Enlaza este artículo. Tema: COMO SIEMPRE D.. Hay 9 comentarios.

12/03/2008

MIL KILÓMETROS

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Ilustración: Universo Imaginario 6 (Cristina de Padua) 

Sé que no te voy a encontrar. Que puedo caminar mil kilómetros hacia atrás, pero tú ya no vas a estar. Puedo buscarte en la sombra que dejaron tus manos sobre mi piel. Y te busco… Puedo buscarme en el recuerdo a carboncillo de mis sonrisas, en los bocetos que aún guardo de mis primeros sueños, en los cigarros que fumé pensando en ti. Recordándote. Esperándote. Olvidándote… 

Te busco aún en cada palabra que no pronunciaste y en cada paso que retrocediste. Me busco en cada silencio oportuno y en cada mirada inoportuna. En todos nuestros lenguajes, en cada uno de nuestros dialectos. Te busco y me busco… 

Puedo detener el reloj a la hora de tus besos y dejar que el tiempo duerma en ellos. Puede ser siempre por la mañana y despertar protegida por tu abrazo. Puedo escaparme de tus despedidas, de tus ausencias y borrarte los recuerdos. Puedes quedarte para siempre en mis noches y hacerte infinito.  

Puedo reconstruir el escenario de nuestros errores y borrar todas las pruebas. Comenzar desde cero, desde la nada, desde antes de que existiéramos. Conocernos, reconocernos. Y absolvernos… 

Puedo caminar mil kilómetros hacia atrás. Buscarte, buscarme… Recorrerte, recordarte. Porque el pasado es lo único que no se puede borrar. Y los recuerdos, lo único que no me puedes robar.

Miércoles, 12 de Marzo de 2008 18:03 Autor: Luces-D-Bohemia. Enlaza este artículo. Tema: DENTRO DE MÍ. Hay 13 comentarios.

24/02/2008

TUS BRAZOS

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Ilustración: Amantes 106 (Nicoletta Tomas) 

Ya no sé qué vida es esta que no vivo. Agotada, busco una piel distinta en la que refugiarme. En cada abrazo busco el puente endeble que cruza el abismo de la soledad. En cada mirada, un reflejo que mienta, que no me muestre la realidad.  

Decepcionada ante mis propias verdades. Indolente ante mi propia apatía. Quisiera creer que hay más momentos, otras oportunidades, futuros imprevisibles. Pero he perdido todo. Todo… Hasta las ganas de creer. Hasta el latido. Hasta la sangre. 

Me aburre la conversación interminable de los relojes y el mensaje monótono de sus horas. Las nueve ya no son distintas de las tres ni las cuatro se diferencian de las once. Horas gemelas hijas del mismo tiempo. Hijas del mismo hastío. Del mismo tedio gris que tiñe todo de niebla.  

El suelo se agita bajo mis pies. Pero es un temblor rítmico y ordenado. Tum, tum. Tum, tum. Tum, tum. Estoy afónica de gritarle que se calle o que reviente. Que me arrastre y me revuelque. Que me deje colgada al borde de un precipicio.  

Ahora ya sé a qué saben los labios que nunca mienten, qué dicen las miradas que no se escurren y a qué suenan las palabras. Y el mundo, de esa manera, me parece tan pequeño… Y la vida, así, me resulta tan previsible… 

Será locura. Algunos lo llamarán capricho. Labilidad, inconstancia, inmadurez… No me importa. Me da igual. Porque ahora, hoy, que soy más sabia que ayer, cuando aún estabas a mi lado… hoy sé que prefiero unos labios que me besen poco a poco sus verdades, unas miradas que se pierdan de vez en cuando más allá de mis hombros y unos silencios que no ensucien lo indescriptible. 

Tus labios. Tus miradas. Tus silencios…  

Tus brazos… esos brazos entre los que me sentía tan insensatamente segura.

Domingo, 24 de Febrero de 2008 01:30 Autor: Luces-D-Bohemia. Enlaza este artículo. Tema: DENTRO DE MÍ. Hay 10 comentarios.

31/12/2007

DULCES SUEÑOS

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Ilustración: Sleep well, my dear (Ivan Koulakov) 

Shhh… no hables aún. No desvistas el silencio que nos cubre. No malgastes tu saliva si no es para escribir sobre mi piel. 

No digas nada de momento. No me cubras de verdades incómodas. Arrópame con la mentira de tu abrazo. Con la fugaz verdad de tus caricias. Con la húmeda falsedad de tus besos. 

Hoy quiero dejar de ser mía para ser de otro. Aunque sólo dure un instante. Aunque luego tenga que olvidarlo. Hoy quiero saber a espejismo. Oler a delirio. Sentirme ficción. 

No hables aún. No digas nada que pueda creerme. No pronuncies una sola palabra que creas conveniente. Hoy no me conviene nada. No hables hasta mañana. No hables nunca… 

No envuelvas mi fantasía con los trapos sucios de tu cariño. No intentes adornar esta utopía mía con los restos podridos de tu ternura. Respeta el silencio. Respeta mis duelos.  

Y cuando te vayas, sólo entonces, di “gracias”. Gracias a mi soledad. Porque hoy lo único que no quería era dormir sola.  

Lunes, 31 de Diciembre de 2007 04:17 Autor: Luces-D-Bohemia. Enlaza este artículo. Tema: DENTRO DE MÍ. Hay 16 comentarios.

19/12/2007

INVISIBLES

Llovía y hacía frío. Era tarde. Muy tarde. La noche se tragaba las calles y escupía las sombras. Bajé del taxi y caminé. En su esquina, como siempre, resguardada por paredes de cartones, dormitaba Carmen. No podía verla pero sé que es ahí donde invoca al sueño por las noches. Siempre pienso hasta qué punto esos cartones húmedos pueden resguardar sus huesos del frío. O del mundo. O de nosotros, los otros. O de sí misma…   

Esas botas siempre me juegan malas pasadas en días de lluvia. Resbalan con el suelo mojado. Y mi habitual torpeza, unida al agotamiento de una jornada laboral interminable, me hizo perder el equilibrio justo al pasar por delante de su frágil refugio. Instintivamente, apoyé la mano en la pila de cartones. Lo justo para no caer al suelo. Lo justo para no perder del todo la dignidad.  

Y entonces, la escuché. Escuché por segunda vez en mi vida su hilo de voz agudo y fino escapando de ese cuerpo robusto y sucio: “¡No, no, por favor! ¡No, no! ¡Por favor, no!”. Escuché el miedo y leí el temblor de todo su cuerpo en sus palabras. Escuché un mensaje mucho más complejo de lo que aquellas nueve palabras transmitían. Escuché y repetí mentalmente su tono quebradizo. Y me apresuré a decirle, con la voz más maternal y dulce posible: “Perdón, perdón. No te preocupes. Perdóname…”. Y se hizo el silencio. Y en el silencio se dieron la mano dos miedos: el suyo y el mío. Y el sonido de su respiración agitada se fundió con el sonido de mi corazón acelerado. Y el silencio hizo que un minuto fuera el tiempo más eterno de mi vida. Me tragué ese silencio. O el silencio nos tragó a las dos. Me quedé inmóvil. No sé durante cuánto tiempo. Tampoco sé por qué. Quizás esperaba que ella me contestara. Quizás esperaba poder verle el rostro. Quizás sentí unas ganas inmensas de abrazarla. De arroparla. De acunarla. De arrancarle de cuajo ese miedo que sentí tan mío. Pero no ocurrió nada. Ella permaneció inmóvil y callada tras el parapeto de los cartones, como un animal asustado encogido en su madriguera. Y yo caminé hacia casa, temblando, encogida también, con su voz anudada en el estómago. 

No tengas miedo de mí, Carmen. No somos tan distintas. Hay algo en tu mirada tosca que me dice que lo sabes. Cuando nos cruzamos en la calle y yo te miro de frente y tú me miras de lado puedo sentir tu confusión. Sé que te has acostumbrado a esa turbia invisibilidad a la que te someten a diario y quizás te asusta que yo sí pueda verte. Pero es por eso, Carmen, porque no somos tan distintas.  

Hay muchos tipos de mendicidad, pero todas son hijas de la misma madre.


Miércoles, 19 de Diciembre de 2007 02:56 Autor: Luces-D-Bohemia. Enlaza este artículo. Tema: DENTRO DE MÍ. Hay 8 comentarios.
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