ROTA LA MIRADA

Ilustración: A Night to Remember (Teresa Moore)
Ella les odió en silencio. Y en silencio resbalaron sus lágrimas, acostumbradas siempre a caer calladas. Cerró el libro con fuerza, no sabía bien si para que no escapara su historia o para que él se fijara en ella. Envidiaba a la receptora de sus palabras y desearía con toda el alma estar en su lugar.
Todos los sábados por la mañana, Luisa se dirigía con su libro al parque. Buscaba un banco apartado de la gente y se sentaba a devorar vidas y personajes que, desde sus ojos de mujer gris e insatisfecha, parecían apasionantes e increíbles. Y es que, a veces, la retina empaña nuestra mirada.
Hoy la rutina había sido la misma. En su vida, la improvisación era una osadía. Se sentó en el banco más apartado y abrió aquella novela romántica que apestaba a jazmín, violines y lunas llenas. Algún suspiro incontrolado se le escapaba a ratos y las lágrimas se le venían sin permiso a los ojos cuando le daba por pensar en lo distinta que era su vida de aquellas líneas. Y en secarse la última lágrima andaba cuando escuchó aquella voz masculina detrás de ella…
- No me canso de mirarte, de estudiar esa piel tan blanca y suave, de dibujar con mis dedos la línea de tus labios, de saltar con mi deseo por encima de tus pechos. No me cansaría nunca de morir en tu mirada.
Por un momento, Luisa pensó que se le habían escapado los personajes y echó una rápida mirada a las hojas. Las letras parecían mantener el orden formando palabras que se agrupaban en frases. Y entonces, la escuchó a ella:
- No me digas esas cosas, te lo he dicho muchas veces. Yo no soy como tú dices. Me tienes idealizada y no quiero que vivas engañado. No soy bella como dices…
Luisa cerró el libro con fuerza y les odió en silencio. Sus indigestiones de romanticismo le habían hecho desear toda su vida unas palabras como esas. Y se odió a si misma por fea, gris e insatisfecha y le odió a él por no haberse fijado en ella. Y sobre todo, la odió a ella, ladrona de sus sueños que encima no agradecía…
- Lo eres. Eres lo más hermoso que mis ojos han visto. Me gusta la dulzura con que me miras, me gusta cuando te muerdes el labio inferior, me gusta el movimiento suave de tus caderas al caminar. Moriría sin miedo acunado en ese balanceo…
Luisa luchaba contra la curiosidad. Trataba de concentrarse en la lectura pero aquella realidad superaba con creces a la ficción. Deseaba ver aquellos rostros, comprobar si ella era tan bella como él decía y si él era el apuesto galán que estaba imaginando. Pero no se giró. Siguió odiándoles de espaldas…
- Vámonos, Pablo. Se están poniendo nubes y va a refrescar.
- Déjame decirte, antes de que enfríe, que te quiero.
- Yo también te adoro, tonto. Aunque estés ciego.
Y los dos rieron.
Luisa sintió sus cuerpos levantándose del banco. La escuchó a ella ofrecerle a él su mano. Escuchó sus huellas pisando las hojas secas, alejándose. Suspiró. Dudó. Se secó otra lágrima rebelde. Suspiró de nuevo... Y se giró. Frente a ella vio a una pareja cogida de la mano. Ella era pequeña, regordeta, con la cara llena de pecas, los ojillos pequeños y tristes, y un andar ligeramente zambo. Él… él caminaba guiado por un bastón en una mano y un perro en la otra. Y resonó en su cabeza: "Aunque estés ciego".
Luisa retornó a su postura original, con los sentimientos revueltos y el romanticismo malherido. Y fijó la vista en cualquier frase del libro: "…a través de una mirada rota, el mundo siempre parece estar haciéndose pedazos".
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Autor: Zifnab
Se feliz
Fecha: 16/12/2005 11:11.
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Autor: aquel Eric
Dejo abrazos.
Fecha: 16/12/2005 14:53.
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Autor: Ardi
Fecha: 16/12/2005 21:20.
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Autor: César Andrés
Dejo un saludo.
Fecha: 17/12/2005 00:38.
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Autor: felipe
Fecha: 17/12/2005 08:33.
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Autor: Bito
Fecha: 17/12/2005 16:04.
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Autor: Niha
Fecha: 17/12/2005 17:48.

















