Se muestran los artículos pertenecientes a Junio de 2005.
Resumen
- 04/06/2005 04:39 - PRE-SENTIMIENTOS
- 06/06/2005 13:59 - SANGRE DE MI SANGRE
- 07/06/2005 05:55 - Y ENTRE BESOS, PALABRAS
- 10/06/2005 03:44 - ÉXODOS Y EXISTENCIAS
- 10/06/2005 20:21 - GRITO AL SILENCIO
- 16/06/2005 06:24 - PENSANDO AL REVÉS
- 17/06/2005 18:33 - SÓLO UNA VOZ
- 20/06/2005 01:24 - NOCHES LLENAS
- 28/06/2005 14:03 - SIN DESTINO
- 29/06/2005 00:27 - PROHIBIDO SER FELIZ
04/06/2005
PRE-SENTIMIENTOS
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Ilustración: Tormenta (Tanguero)
He sentido amor antes de enamorarme y he sufrido antes de que me hicieran daño, he llorado antes de que cayeran las lágrimas y he reído antes de que la risa alcanzara mis labios.
Quizás porque sólo siento cuando todo esta aún dentro de mí, cerca del corazón. Quizás porque cuando van fluyendo, tratando de escaparse de mi cuerpo y dejando que otros los descubran, ya no son míos… forman parte ya de otros ojos, de otros corazones, de otras manos. Y ellos los acogen y los transforman, los interpretan, los manipulan e incluso, los olvidan. Y mis sentimientos ya son, de por sí, bastante cambiantes.
He visto muchas cosas antes de abrir los ojos y he escuchado canciones antes de que fueran compuestas. He sentido el frío antes de que llegara el invierno y he visto estrellas antes de anochecer…
Lo que no llego a entender es por qué vuelvo a enamorarme después de haber sentido amor, por qué sufro de nuevo después de que me hagan daño, por qué lloro una vez más después de haber derramado lágrimas y por qué siento frío después de que el invierno haya pasado.
Pre-siento que todo va a cambiar… para volver a ser igual.
06/06/2005
SANGRE DE MI SANGRE

Todos los que me conocen coinciden en que soy físicamente igual que mi madre. Y lo cierto es que comparando alguna vez fotos de las dos de pequeñas el parecido es asombroso. Siempre he tenido con ella una conexión especial, como si nunca hubieran llegado a cortarnos el cordón umbilical. Mirándonos a los ojos sabemos lo que estamos pensando o sintiendo.
Sin embargo, en el carácter aún hoy no tengo claro a quién me parezco. Quizás sea un cóctel de mi madre y de mi padre. Aunque mi madre siempre dice que me parezco más a mi padre. Y mi padre duele…
Con él siempre he tenido una relación difícil, llena de abrazos y reproches en la misma medida. No tiene nada de especial, hay cientos de historias como la mía, pero siempre me ha dolido saber que mi padre morirá sin habernos llegado a entender. Dice mi madre que, de sus cuatro hijos, yo soy su "ojito derecho". Y yo nunca lo he entendido. Porque él siempre me ha exigido más a mí que al resto, siempre ha discutido más conmigo, siempre me ha hecho más reproches que a nadie… Y yo no entiendo esa forma de cariño. Con él siempre he tenido la sensación permanente de estar fallándole, de no hacer las cosas como él quisiera, de no ser tan inteligente como él esperaba, de no ser tan "convencional" como él deseaba.
En mis años adolescentes (como casi siempre) empecé a descubrir que mi padre era un hombre con fallos, con ideas distintas a las mías y con una forma de ver las cosas que yo no compartía… pero que respetaba. Sin embargo, siempre tuve la sensación de que él no respetó nunca mi libertad para pensar, sentir y vivir. En cuanto podía, sacaba su genio, sus voces e imponía su criterio. Y no había más que hablar.
Cuando le conté mi decisión de estudiar una carrera de Letras noté una cierta decepción en su mirada. Y me hizo recordar las tardes que pasé en mi infancia llorando después de una "clase particular" de matemáticas impartida por él. Yo no entendía nada de números, ecuaciones, raíces cuadradas y todos esos símbolos sin sentido y él adora las ciencias y las considera la base de cualquier otro conocimiento. Así que lloraba porque sabía que nunca sería tan inteligente como mi padre quería. Y me sentía tonta, la más tonta del mundo y la hija más inútil.
Desde muy joven he tratado de explicarle de mil maneras distintas cómo soy, cómo siento y cómo pienso. Y creo que, a día de hoy, aún no me ha escuchado. Nuestra comunicación siempre es unidireccional, no tengo interlocutor, soy una humilde oyente de sus eternos monólogos. Esto me enfurecía cuando era más joven, lo que provocaba tremendas discusiones donde la que más sufría era mi madre.
Tras una de esas discusiones tomé la decisión de abandonar la casa. Hice la maleta esa misma noche, aunque tardé un mes en encontrar piso. Durante ese mes y los dos siguientes estuvimos sin hablarnos. Yo estaba más dolida que nunca, las cosas que nos dijimos aquella noche fueron las más duras y no pasaba un solo día en que el recuerdo de aquellas palabras no me quemara en lo más hondo. Sin embargo, fue en ese tiempo cuando empecé a notar un cambio en él. O quizás no fue un cambio, simplemente empecé a ver lo que antes no había visto. Fue en ese tiempo cuando comencé a entenderle de alguna manera. Mi padre no me hablaba, pero en su gesto no había orgullo, ni rabia, ni resentimiento, ni terquedad como hasta entonces siempre había creído ver. En su gesto vi tristeza, impotencia, dolor y arrepentimiento. Pero, sobre todo, mucha tristeza… Aún así, nunca hubo un "lo siento", "perdona" ni nada parecido…
Hace tres años que vivo fuera de su casa y desde entonces sólo hemos vuelto a discutir dos veces. Y en las dos ocasiones, he notado que mi padre "reculaba", trataba de no perder "su sitio", pero a la vez quería que la discusión terminara. Desde entonces, la tristeza no se ha ido de los ojos de mi padre. Y cada vez la noto más honda, más arraigada, más profunda… Pero jamás hablará a nadie de cómo se siente, de qué le hace daño, de por qué sufre. Y yo sé que algún día morirá y no me lo habrá dicho. Y hoy sé, también, que esos ojos tristes han estado ahí siempre, desde que era niña.
Mi padre me ha enseñado que la comunicación a veces es una discapacidad. A veces, confundimos "no querer" con "no saber". Y no hay nada en el mundo más doloroso que el no saber comunicarse.
07/06/2005
Y ENTRE BESOS, PALABRAS
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Ilustración: El Beso (Klimt)
A veces parecemos desconocidos, mirándonos a los ojos intrigados y expectantes, tratando de cazar un brillo en la mirada ajena que nos señale el camino a seguir . A veces te quedas callado y tu silencio me presiona el pecho y me atrapa el alma. A veces hablas sin mirarme, escurriendo la mirada por cualquier alcantarilla, dejándola pintada en alguna esquina o reflejada en algún cristal. Y cuando hablas, mirándome o no, siempre tengo la sensación de que te dejas dentro la última mitad de tus frases, reteniendo el mensaje importante, cuidando de no ir más allá de los límites que te has marcado. Y a mí me toca entonces leer entre líneas lo que ni siquiera has escrito. A veces he pensado que te vería respirar aliviado si yo terminara tus frases, pero tengo miedo de haber leído quizás más allá del punto y aparte.
Hay días que pienso que todo esto es sólo la segunda parte del primer error que cometimos, que volvemos a jugar a ser amigos, que quizás tú no entendiste el final anterior o quizás yo no quise aceptarlo. Así que me propongo hacerlo, asumir que aquella etapa se acabó, que todo quedó hablado y que tú eres el mismo de siempre, con tus mismos sentimientos.
Y entonces me llamas, justo cuando yo ya estaba pensando en otras cosas, cuando ya había embalado tus recuerdos, cuando ya había desprendido tu aroma de mi cuerpo y apenas recordaba el calor de tus labios. Me llamas y te noto nervioso, tratando de aparentar que a través de la línea habla sólo un amigo, y empiezas de nuevo con tus frases inacabadas… Y te conozco y sé que apenas te estás escuchando a ti mismo, porque en la cabeza sólo tienes unas palabras que son las que no quieres pronunciar. Y como siempre, acabas diciendo: "Ya quedaremos uno de estos días"… porque, como siempre, sabes que yo diré "¿qué te parece el viernes?" y, sin dudar, tú dices que perfecto. Pero hoy no. Hoy, cuando llamaste, me encontraste cansada de tus miedos y tus indecisiones, y sólo te contesté: "Sí, un día de estos quedamos". Y escuché tu silencio y tu sorpresa por unos instantes, después unas dudas, luego un intento de palabras y por último un: "Vale, entonces... un beso". Y el beso lo mandaste ya en un susurro. Y a mí me llegó como una bofetada. Pero da igual, todo eso me da igual. No quiero que te escondas más detrás de mí, que me obligues a verbalizar tus deseos, que me empujes a tomar tus decisiones.
Después, quedaremos, como siempre. Y pasaremos la noche hablando de todo menos de nosotros, de todo menos de nuestros sentimientos. Interpretaremos de nuevo el papel que nos sabemos de memoria: sólo-somos-dos-amigos. Y poco a poco, al mismo ritmo que la noche avanza, tú me mirarás con más intensidad, me rozarás levemente y el telón de tu mirada irá cayendo. La fingida indiferencia se quedará sentada en el último bar que visitamos, tomándose una copa a nuestra salud, y la ternura y el deseo tomarán el relevo en tu mirada.
Y cuando me beses, como siempre, robaré de tus labios esas partes de tus frases nunca pronunciadas…
10/06/2005
ÉXODOS Y EXISTENCIAS

En el libro que estoy leyendo, "Sarajevo, Diario de un Éxodo", su autor, Dzevad Karahasan, recordando la guerra que destruyó por completo su ciudad, se queja de que Occidente decidió no involucrarse en el conflicto, no ayudarles. Y los sarajevitas, que tenían puestas sus esperanzas en esa ayuda internacional, se sintieron abandonados y totalmente olvidados por el resto del mundo.
El libro me ha recordado decenas de imágenes que visioné y edité para un documental hace un par de años. Fue, de alguna manera, mi primer "contacto" con las guerras. El documental se hizo con un 90 por ciento de imágenes inéditas, ya que, debido a su crudeza, en su momento ningún informativo quiso emitirlas. Como siempre, la doble moral de nuestro país. Recuerdo haber seguido la guerra de Bosnia porque coincidió con el inicio de mis estudios de Periodismo. Pero la verdad es que, cuando realmente supe lo que pasó allí fue hace dos años. La censura existe por todas partes, pero la peor de todas es la que se realiza usando como excusa la moral o la sensibilidad. Es "sensible" informar de que hay un país que está siendo destruido pero no es "sensible" mostrar cómo lo están destruyendo. No es "sensible" mostrar a la gente qué ocurre con los civiles cuando el resto del mundo no hace nada para ayudarlos. Supongo que, como siempre, en estos temas estaré llevándole la contraria a muchas personas. La excusa más cruel que me dieron una vez fue que "no me apetece que mientras estoy comiendo en la tele me enseñen muertos y sangre". Fue cruel escuchar que alguien no quiere que le estropeen su comida con imágenes de gente muerta injusta y terriblemente.
De todas formas, a pesar de la crudeza de imágenes que visioné durante más de cinco meses, lo que más me asombró fue la capacidad que tiene el ser humano para seguir viviendo, para mantener su rutina, para evitar que su pequeño mundo personal se desestructure. La imagen que se mantiene con mayor fuerza en mi memoria es la de una mujer tendiendo tranquilamente la ropa en el patio de su casa mientras un intenso bombardeo a escasos dos kilómetros de ella trataba de acabar con unos depósitos de agua.
Y del libro, de momento, me quedo con una frase en la que el autor asegura: "La prueba de tu existencia no es que pienses, como creía un señor muy sabio. La prueba de que existes de verdad la da el hecho de que alguien piense en ti". Cierto. Si no existimos en recuerdos ajenos no somos más que sombras de nuestra propia sombra. Existimos en la medida en que otros nos recuerdan, nos comparten y nos sienten.
GRITO AL SILENCIO
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Ilustración: Silencios (Pilar Pacheco)
Silencio… hoy sólo hay silencio. Mañana también habrá silencio. El único sonido de hoy es la repentina y violenta lluvia golpeando las ventanas y los truenos rompiendo el cielo. El mismo sonido en mi interior: lluvia y truenos. Hoy acompaño al tiempo, hoy el tiempo me acompaña.
Nada, nadie, cero, vacío… Como siempre. Tonta soy por leer señales que no existen. O que cambian de forma. O que cambian de sitio.
La tristeza me está pesando mucho hoy. Mañana ya no. Siento las piedras en mi estómago y los puñales en el pecho. Mañana ya no… Mañana colorearé los grises con azules, rojos y verdes, taparé los negros con fundas blancas y pintaré sonrisas en los espejos. Será sólo una farsa, pero me gusta el teatro.
Mañana el sol acariciará los cristales y el suelo de mi casa… Pero mañana yo no querré acompañar al tiempo. Porque el tiempo nunca me espera.
Correr no es lo mismo que huir, pero yo siempre corro para escapar. Nunca para alcanzar…
Mañana habrá silencio y yo gritaré para esconder su sonido…
16/06/2005
PENSANDO AL REVÉS
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Ilustración: In Azul (Luis Ivorra)
Nacemos puros, inocentes, sin manchas, sin juicios ni prejuicios, sin ambiciones, sin miedos, sin desilusiones, sin vergüenzas, sin rencores, sin tristezas. Estos sentimientos se van aprendiendo a medida que el mundo nos va atrapando. Es cierto que también aprendemos a amar, a soñar, a reír… pero amar suele llenarnos de miedos o de tristezas, soñar nos llena de ambiciones o desilusiones y muchas veces, solemos reír como defensa ante estos sentimientos.
Si esto es así, madurar entonces significa perder la inocencia y llenarnos de juicios y prejuicios, de ambiciones, de miedos, de vergüenzas, de rencores, de tristezas. E, insisto, si esto es así… ¿por qué todos soñamos con madurar y por qué está bien visto ser una persona madura?
Si la vida es un aprendizaje y si el ser humano debe tender a ser mejor cada día… ¿no sería más lógico nacer llenos de miedos, desilusiones, prejuicios, rencores, tristezas, ambiciones, vergüenzas… y día tras día ir siendo más inocentes y puros?
A veces pienso del revés y el mundo me parece más sencillo…
17/06/2005
SÓLO UNA VOZ
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Ilustración: Amantes 109 (Nicoletta Tomas)
Guardan aún tus manos
el calor de una nostalgia.
Tan suaves, tan distantes...
Un murmullo vacío se ahoga
lento en la garganta,
dejando seco el aire,
quedando frío el corazón.
Interrumpe tu silencio
el sonido del agua lejana
y tus pupilas dejan escapar
el brillo triste del alma.
¡Qué frío despertar!
¡No saber dónde estás!
La penumbra protege tu cuerpo
de impulsos inconfesables
y el sueño guarda el secreto
de tus ilusiones imposibles.
Yo soy sólo una voz,
un susurro amargo en tu oído.
Tan sólo soy una imagen difusa
enredada en la maraña de tus recuerdos.
A veces paseas de noche,
sonámbulo, acompañando a las sombras.
¡Qué triste caminar el tuyo!
condenando tus anhelos al olvido.
A veces creí tenerte,
a veces sentí que te perdía,
a veces, sólo a veces... pensé amarte.
Alguna vez recorrieron mis ojos,
tristes, el mapa de tu cuerpo
y cuanto más lejos te encontrabas
más sentía el calor de tu recuerdo.
Y ahora, que estás más lejano que nunca,
ahora que no te alcanza ni mi nostalgia,
ahora que estás perdido en el pasado,
ahora que ni tú te encuentras,
que tu voz es un sonido olvidado,
que tus caricias son espadas en mi piel
y tu mirada los ojos de un ciego,
ahora... ya no quiero olvidarte.
20/06/2005
NOCHES LLENAS
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Ilustración: La Noche (Nelson Moraga)
Mis noches se llenan de imágenes… Como si escaparan del sueño, danzan a mi alrededor, creando sombras ridículas pegadas a la pared, estirándose del suelo, alargándose hacia el techo.
Mis noches están llenas de multitud de soledades atrapadas a lo largo de los años, escondidas entre fotos viejas y libros apergaminados.
Mis noches se cubren con mantas raídas, con papeles mojados y miradas perdidas.
Mis noches no entienden de susurros, sino de gritos; no entienden de suspiros, sino de gemidos…
Mis noches no hablan con palabras, sino con recuerdos, no se visten con futuros, sino con nostalgias…
Mis noches sueñan con abrazos que no ahoguen, con palabras que no arañen, con caricias que no duelan...
En mis noches, los duendes se divierten revolviendo sentimientos y desordenando calmas, jugando con pasarse el alma de mano en mano.
En mis noches hay más noches que en un siglo y menos días que en un segundo.
Mis noches están llenas. Y yo, cada noche, más vacía...
28/06/2005
SIN DESTINO
El tiempo se ha detenido para mí. La estación está llena de trenes que pasan a gran velocidad, dejándome apenas intuir rostros dentro de ellos, rostros que van y vienen hacia algún lugar. Nunca están el tiempo suficiente para preguntarles. Yo permanezco quieta, sentada en el andén, mientras todo se mueve a mi alrededor.
Hay días, incluso, que no pasa ningún tren. Hay días que la estación se queda desierta. Nada se mueve, ni siquiera el aire... Todo se llena de un calor sofocante, de un silencio aterrador. Y yo, sigo permaneciendo... Quieta, anclada en las vías, con los dedos agarrotados, con la mirada perdida en el horizonte, esperando el sonido, la luz, el movimiento, la brisa, los rostros.
Alguien pasó a mi lado una vez y me dijo que debía subir a uno de esos trenes. Creo recordar que me dio ánimos, que me contó lo que había visto en sus viajes y me habló de los destinos a donde podía llevarme. Pero yo quise seguir esperando, permaneciendo...
Y la memoria también se ha quedado estancada. Y la estación cada vez está más ruinosa y abandonada.
29/06/2005
PROHIBIDO SER FELIZ

A veces no es fácil llorar. No libera, ni alivia, ni sienta mejor…
Últimamente me duele. Cada lágrima que pierdo es una punzada, un recordatorio más de los motivos de mi llanto…
En cada una de ellas he podido leer tristezas, soledades, miedos, incertidumbres, dudas, rechazos, angustias… Y no quiero mojarme más con eso. No quiero seguir calada hasta el alma, sintiendo la humedad en mi pecho, tiritando de frío por las noches, escurriendo el corazón por las mañanas y tendiendo al sol los ojos.
No quiero más pulmonías de dolor, ni más resfriados de miedos.
Quiero estar seca y limpia, quiero envolverme en sábanas cálidas de seguridad y rodearme de abrazos de sonrisas.
Ya no sé cuánto dura esto. No sé si alguna vez volvió a empezar, porque apenas recuerdo ningún final. Y cada vez me siento más cansada, exhausta, sin ganas de buscar ni esperanzas de encontrar.
Las zancadillas del destino me tienen destrozadas las piernas. Estoy harta de los juegos de la vida, de las sonrisas falsas del sol y de la falsa ternura de la luna. Me agotan las calles cortadas, los semáforos rojos y las señales de stop. Odio seguir un mapa durante horas, días, y acabar encontrándome en el punto de partida. NO WAY OUT.
Un par de soledades y tres o cuatro miedos me están mojando el teclado…

















