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Resumen

02/09/2005

HAS VUELTO

Dama Drama (Nicoletta).jpg

Ilustración: Dama Drama (Nicoletta Tomas)

Nunca lo he podido evitar. Y creo que, en el fondo, tampoco he querido evitarlo. Me duele el dolor ajeno y me duele siempre como propio. Me duele el dolor, a secas, venga de quien venga y lo traiga el viento que lo traiga…

Últimamente, hay mucho dolor a mi alrededor. Justo en una etapa en la que yo andaba ya escalando la montaña desde la que caí hace meses. Justo cuando el sol dejaba de molestarme en los ojos. Justo cuando el cielo empezaba a estar sospechosamente despejado. Justo cuando mis recuerdos se habían vuelto perezosos y se quedaban dormidos en cualquier esquina de cualquier calle. Y dejaban de seguirme…

Hacía años que no soñaba con él. Le recuerdo, por supuesto, pero ya no se presentaba en mis sueños, invadiendo mi nostalgia, obligándome a seguirle, toqueteando mi remordimiento, revolviendo mi conciencia… Hacía años que había aceptado que yo no era culpable de su muerte, que en sus últimos reproches antes de lanzarse al vacío yo no había estado presente, que no pude ayudarle más de lo que lo hice…

Y anoche volvió. Y volvió como antes, interrumpiendo un sueño que nada tenía que ver con él, mezclándose con personas que no le conocían, apareciendo en una cafetería donde nunca habíamos estado. Y, mientras yo hablaba con unos amigos y tomaba notas de algo, a través del cristal vi su rostro. Sus enormes ojos oscuros, su rostro alargado, su pelo corto… mirándome fijamente. Con los ojos más abiertos que nunca, sin hacer un solo gesto. Sólo mirándome. En silencio. Severamente. O quizás, suplicante. Y me sobresalté. Como si hubiera visto un fantasma, tiene gracia… Y le dije a uno de mis amigos que de nada le conoce: "No puede ser. Es J.C.". Y mi amigo, por supuesto, me miró extrañado. Las piernas me temblaban, pero decidí salir a verle. Me levanté, sin dejar de mirar ese rostro pegado al cristal, y con los ojos quise decirle que iba a su encuentro. Pero al abrir la puerta, él ya no estaba. Me puse nerviosa. Otra vez estaba jugando al escondite conmigo. Tengo esa manía: no me gusta jugar al escondite con los muertos. ¡Qué le voy a hacer! Miré a mi alrededor. Estaba en un pequeño patio lleno de jardineras y portales… Pensé que ya lo había perdido de nuevo cuando, suavemente, casi en un susurro, escuché mi nombre. Allí estaba su figura quijotesca escondiéndose en un portal. Empecé a caminar hacia allí, primero con miedo, temerosa de encontrarme a centímetros de él y darme cuenta definitivamente de que sólo es polvo; después con prisa, temiendo que volviera a escaparse, como otras veces, como siempre desde entonces… Caminaba y ya no le veía, pero él volvió a llamarme. Y al llegar al portal donde se había escondido, me encontré atrapada por la oscuridad. No había nada. Ni puerta, ni ladrillos, ni escalones, ni porteros automáticos, ni él… Era un gran agujero de oscuridad. Y recuerdo un miedo frío recorriéndome desde los pies. Y recuerdo haber pensado: "Quiere llevarme con él"… La angustia se apoderó de mí, quería salir a la luz, darme la vuelta y marchar, olvidarme de él, olvidar que me había llamado, olvidar su rostro pegado al cristal. Quería llorar pero no podía. Estaba paralizada, temblando, asustada. Y la negrura seguía invadiéndome, podía olerla incluso, sentía su aspereza… Y, de nuevo, escuché su voz. De nuevo mi nombre. Pero esta vez no era un susurro. Fue un grito en mi oído. Y desperté. Temblando, como en el sueño, asustada, como en el sueño, paralizada, como en el sueño. Rodeada de oscuridad, como en el sueño… Miré a mi alrededor y reconozco que sentí pánico. Porque le sentí allí. Como aquella otra noche, hace muchos años, que soñé que se sentaba en mi cama mientras dormía y al despertar sobresaltada sentí que el colchón se hundía. O aquella otra vez que soñé que tiraba piedrecitas a mi ventana y desperté y escuché ruidos en la ventana. Y no había nadie allí, porque tuve valor para mirar…

Conseguí encender la luz. El reloj marcaba las 5:35. Y no había nadie. Pero, como cuando era una niña, no quería volver a apagar la luz. Tenía sueño, quería dormir. Necesitaba dormir. Había dormido diez horas en tres días y ayer necesitaba dormir. Porque mi cuerpo ya no aguantaba más, porque las fuerzas me faltaban a lo largo del día, porque hoy tenía que hacerme unos análisis a las 8:30 de la mañana. Y quería que salieran bien. Que por primera vez en un año me dijeran que estaba completamente sana, que no había nada mal en mi cuerpo… Pero esas tres horas restantes las he dormido sin dormir, despertándome a cada rato, encendiendo de nuevo la luz a cada rato, bebiendo agua a cada rato, que es lo que mi madre me decía de pequeña cuando tenía pesadillas: "Bebe un vaso de agua y verás cómo ya no vuelves a tener pesadillas"…

Hoy me hice esos análisis. Me sacaron sangre, pero no las ojeras. Y aunque dentro de una semana me digan que estoy sana por fin, yo sé que algo dentro de mí no está bien.

Porque los recuerdos, el remordimiento, las dudas y el dolor del alma nunca quedan reflejados en una analítica de sangre…

Viernes, 02 de Septiembre de 2005 03:08 Enlaza este artículo. Tema: DENTRO DE MÍ Hay 4 comentarios.

04/09/2005

UNA TRISTEZA ASÍ

Copenhagen (P. Gauguin).jpg

Ilustración: Copenhagen (P. Gauguin)

No encuentro el objeto de mi tristeza. Se me perdió hace unos días, cuando caminaba distraída por el parque. Quizás cayó debajo de alguna hoja seca o quizás se hundió en el estanque al inclinarme a mirar a los peces. Lo cierto es que allí está, en algún sitio, esperando que vaya a buscarlo.

Y quizás no quiero. Quizás prefiero la tristeza así, sin objetos. Mirarla pura y sencilla. Despertarme con ella por las mañanas y con ella desvelarme en las noches… Quizás la prefiero así, callada y silenciosa. Oyente y paciente. Serena y comprensiva.

Porque a veces no pesa. A veces, de noche, se apoya en mi hombro y así se queda dormida. A veces juega traviesa a escaparse de mis ojos. Hay veces en que se apodera de mis besos y se cuela entre mis abrazos. Y se acurruca en mi pecho y se acuna con mis latidos.

Quizás prefiero esa tristeza sin color, que no deja sombras a su paso, que se esconde en lágrimas contenidas, que aprovecha un parpadeo para refugiarse en las pupilas… Quizás prefiero una tristeza tímida que evita su reflejo en los espejos y se posa en un suspiro. Quizás sea mejor una tristeza solitaria que huye de tristezas ajenas. Una tristeza que vele noches vacías, que huela a viejas nostalgias y no lleve ilusiones en su equipaje.

Podría llegar a amar a una tristeza así…

Domingo, 04 de Septiembre de 2005 02:57 Enlaza este artículo. Tema: DENTRO DE MÍ Hay 9 comentarios.

09/09/2005

SE FUERON...

La Muerte y la Doncella (Nicoletta Tomas).jpg

Ilustración: La Muerte y la Doncella (Nicoletta Tomas)

Me gustan los días de sol y frío. Quizás porque me gustan los contrastes. En la calle corría un olor a lluvia, a hierba mojada, a tierra, a hojas secas… Me gusta que llueva mientras el sol sigue brillando, que se mantenga orgulloso y firme en su puesto de vigilancia allá en el cielo. Que las gotas caigan y sean de colores. Que no sepas si remangarte por el calor o echarte encima una capucha.

Me gusta que el verano vaya anunciando de esta manera su muerte lenta… Y me gusta pensar que, en días así, puedo empezar a vivir diferente.

Me siento mejor, hace un mes que ya me siento mejor. Dejé el tratamiento por propia voluntad hace dos meses y tenía miedo de haber cometido un error. No me gustan las medicinas ni las pastillas. Me traen malos recuerdos… Hubo una época, hace muchos años en el tiempo pero pocos en la memoria, en que escondía compulsivamente todas las pastillas. Tenía miedo de que ella las descubriera y le parecieran atractivas. Tenía miedo de que volvieran a intentar arrebatármela. No me sentía con fuerzas para volver a luchar yo sola con la muerte para que no me la robara. Fue una noche muy fría, sin lluvia y una mañana oscura, sin sol…

También fue en una mañana oscura, fría, sin sol, sin lluvia, hace ocho meses, cuando sentí que la muerte volvía para tomarse la revancha. Esta vez conmigo, con la que le había robado un premio años atrás. Y esta vez se presentó cobarde, cuando sabía que nadie podía ayudarme… Apareció de golpe, por la espalda, silenciosa y me cogió por sorpresa. Es una vieja amiga traicionera. La conozco bien, me sé su rostro de memoria, cada rasgo, cada pliegue de su piel, cada oscuro movimiento… pero esta vez vino por detrás y no me pude adelantar. Luché, me rebelé, abrí las ventanas para que el día se la tragara, pedí ayuda a mi mente para que la hiciera irreal… Ella me tiró al suelo, me agarró fuerte por el cuello, me robó el aliento, me cerró los ojos y durante unos segundos creo que consiguió llevarme con ella. Y de pronto, cuando yo ya había dejado de luchar, cuando mis fuerzas estaban con ella, me soltó, sin más. Me dejó marchar, sin despedirse. Sin decirme cuándo volvería. Pero dejó su rastro, su olor tan peculiar: el miedo.

Y el miedo me llevó a pedir ayuda. El miedo me hizo aceptar que mis enemigas, las pastillas, podían salvarme. Así que bajé la cabeza, borré mi orgullo, cerré recuerdos y acepté que me acompañaran día y noche, velando mis miedos.

Hoy hace sol y frío. Huele a lluvia, a hierba mojada, a tierra, a hojas secas…
Hoy me han dicho que vuelvo a estar sana. Que ya no debo tener miedo, que ya no tengo que estar alerta a las señales de mi cuerpo, que ya se fueron los fantasmas. Se fueron las taquicardias, se fueron las noches eternas donde el sueño no acudía, se fue el agotamiento permanente que ralentizaba mis días, se fueron las subidas y bajadas de tensión que dejaban mi cuerpo como una muñeca de trapo, se fueron los mareos y desmayos que me arrojaban al suelo sin avisar, se fue la ansiedad que aceleraba todo mi cuerpo impidiéndome respirar…

Me gustan los contrastes. Me gusta que se mezclen el sol y el frío. Me gusta que se alternen, en sana competición, la vida y la muerte.

Viernes, 09 de Septiembre de 2005 16:04 Enlaza este artículo. Tema: DENTRO DE MÍ Hay 7 comentarios.

11/09/2005

ABIERTO POR REFORMA

Presencia (Nicoletta).jpg

Ilustración: Presencia (Nicoletta Tomas)

Vuelvo a formar parte de este mundo que nos alquila habitaciones por tiempo indefinido.

He estado fuera de él una larga temporada. Colgué el cartel de "cerrado por reforma" y me escondí al fondo, en un rincón oscuro, oculta de las miradas ajenas y de las tentaciones propias. Me hice un ovillo, como las gatas, y traté de no respirar para economizar recursos. Una burbuja de cristal se fue formando a mi alrededor, silenciando los ruidos, climatizando mi espacio, ajando mi piel por falta de oxígeno.

A veces me disfrazaba, me cubría de harapos y salía a dar una vuelta. Para ver si el mundo había cambiado, para comprobar que todo seguía igual… Y allí fuera veía mi sombra en todos los rincones. En los paseos veía mi sombra caminando tras de mí, en el cine veía mi sombra en la butaca de al lado, en el metro veía mi sombra en el asiento vacío, en los bares veía mi sombra en el fondo de un vaso. Veía mi sombra en las miradas de mis amigos. Y en una ocasión, incluso, llegué a ver mi sombra en el hueco vacío del corazón de él.

Entonces regresaba rápidamente a mi rincón oscuro, a mi burbuja de cristal climatizada, y cerraba de un portazo la puerta para que mi sombra no se colara. Y volvía de nuevo a enroscarme sobre mi propio cuerpo, asustada, tratando de expulsar a los recuerdos que, como rémoras, se me habían quedado pegados a la piel.

Y cada vez me hacía más pequeña, más delgada, más transparente. El espejo ya no me reflejaba y el cristal de mi burbuja ya no me devolvía el eco de mi voz. Me iba perdiendo, perdiéndome a mí misma. Me revolvía y me buscaba. Miraba y remiraba debajo de los miedos, detrás de los recuerdos. Apartaba de un manotazo la tristeza y revolvía los papeles de las desilusiones. Ni rastro de mí… Ni siquiera estaba ya mi sombra esperando al otro lado de la burbuja.

Y me entró miedo. Porque yo quería perderme del mundo pero no de mí misma. Quería estar conmigo. Hablarme, leerme, cantarme, reírme, abrazarme, gritarme, consolarme, llorarme… Quería rozarme sin que el mundo me rozara. Pero ya no sentía mi piel ni la humedad de mis lágrimas.

En mi última salida de la burbuja me descubrí, me encontré. Estaba encerrada entre el bronce de una estatua del parque y mi sombra trataba de ayudarme a salir de allí. Mis ojos se habían quedado sin brillo y mi piel tenía el oscuro color del bronce. Llamé a mi sombra y le hice señas para que me siguiera. Volvimos a mi rincón y entre las dos recogimos y limpiamos la burbuja. Ordenamos los miedos, los recuerdos, la tristeza y las desilusiones.

Me dirigí a la puerta y le di la vuelta al cartel. "Abierto por reforma".

Domingo, 11 de Septiembre de 2005 15:11 Enlaza este artículo. Tema: DENTRO DE MÍ Hay 6 comentarios.

14/09/2005

COMO SIEMPRE D. (III)

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Ilustración: En Calma (Luis Badosa)

Hace unos días me entrevistaron para una revista dedicada al mundo de la discapacidad. Parece ser que quieren publicar un artículo dedicado a los hermanos de personas discapacitadas. Mi madre me llamó para preguntarme si no me importaba que me hicieran algunas preguntas y a mí me pareció bien, a pesar de la vergüenza que me dan todas estas cosas. Pero pensé que era importante aportar mi testimonio, porque quizás mi experiencia podría ayudar a otras personas en una situación similar a la mía.

Así que me puse en contacto con la periodista, una chica muy joven, y ella empezó a hacerme preguntas del tipo: "¿Has sufrido mucho?", "¿has deseado tirar la toalla alguna vez?", "¿te habría gustado que tu hermano no fuera autista?", "¿cómo se vive con un hermano autista?", "¿has tenido celos porque tus padres quizás se han volcado más en él?"… La verdad es que a ratos me sentí como esas mujeres que van a los programas de testimonios a contar sus tristes vidas. Tenía la sensación de que la periodista buscaba mis lágrimas como premio a su labor profesional… En televisión, medio cruel en el que trabajo, la lágrima de un invitado puede suponer 2 puntos más de share (cuota de pantalla), lo que puede, a su vez, significar ganar a la competencia. Por eso, en las redacciones y pasillos de las cadenas de televisión se suele fomentar con descaro la falta de ética y la pérdida de sensibilidad. Pero volviendo a mi entrevista… Al principio, noté una cierta decepción de la periodista ante mis respuestas: "No, no recuerdo haber sufrido nunca porque mi hermano sea autista. He sufrido por motivos que nada tienen que ver con él y él ha sido, muchas veces, el que ha calmado mi sufrimiento", "nunca he querido tirar la toalla porque la convivencia con mi hermano no es una competición ni una batalla, es un intercambio de experiencias y conocimientos y, por encima de todo, un intercambio de amor, cariño y alegría", "con un hermano autista se vive, sencillamente, respetando su espacio, comprendiendo sus acciones y reacciones, abrazándole cuando necesita cariño, regañándole cuando hace algo mal, explicándole sus errores para que no los vuelva a cometer, compartiendo besos, risas, caricias, respetando sus derechos y aceptando sus limitaciones. O sea, lo mismo que con cualquier otro hermano", "jamás he tenido celos de él porque jamás mis padres han establecido diferencias entre nosotros. Él es autista, y eso implica comprender que tendrá un comportamiento acorde a su discapacidad. Yo soy rebelde, independiente, voluble, testaruda, y eso implica comprender que tendré un comportamiento acorde a mi forma de ser".

Le expliqué también que no quería vender una imagen distorsionadamente positiva del autismo, que hay muchas familias hundidas, separadas y marcadas por culpa de este problema, pero mi experiencia personal era distinta.

Quizás sin conocer a D. es difícil entender todo lo que cuento. Y quizás también es difícil sin conocer a mi familia. A mí se me ha educado siempre en el respeto a los demás, sean de la condición que sean, en que el cariño y la comprensión ganan más batallas que la imposición y el castigo, en la igualdad y el respeto a los derechos de los demás como principio vital, en la unión ante las dificultades, en el diálogo, en el valor y la constancia para superar los problemas. Y D. también ha aprendido todos estos valores. A pesar de su autismo. A D. le respetamos porque él sabe respetarnos a nosotros, D. recibe nuestro cariño porque él nos ofrece el suyo, a D. le ofrecemos nuestro apoyo y nuestra ayuda porque él nos apoya y ayuda siempre.

Es fácil, D. me quiere porque yo le quiero a él. Y yo le quiero porque es muy fácil querer a D.

Miércoles, 14 de Septiembre de 2005 23:26 Enlaza este artículo. Tema: COMO SIEMPRE D. Hay 8 comentarios.

15/09/2005

MARES IGNORANTES

Pateras.jpg

"El hombre es un náufrago ahogándose en el mar. Y, no obstante, es más grande que el mar: el hombre sabe que se muere, y el mar no sabe que lo mata" (Antonio Gala).

Nuestro mar es un inmenso cementerio lleno de nichos anegados. Nichos sin nombres, ni flores, ni visitas. Para muchos, el entierro perfecto. Para otros, la vergüenza y la rabia imperfectas.

De día, ese mar transmite calma y serenidad. De noche, sin embargo, se convierte en una inmensa mancha negra que impone y asusta. Pero para ellos, la esperanza y la desesperación pesan más que el miedo.

Sobre todo, el miedo… Eso me supera. El miedo que pasan al embarcar, mientras cruzan el Estrecho y cuando llegan a las costas españolas. No me gusta ver gente asustada. Miedo a morir ahogados, miedo a ser descubiertos y que les devuelvan a su país, con su miseria, con su hambre, con su futuro negro, miedo a un bosque oscuro que les recibirá nada más llegar a un país desconocido, miedo a morir de sed o hambre… Son muchos miedos entrelazados. Y mucha gente que negocia con el miedo…

Desde Tarifa, África parece estar al alcance de la mano. Un cartel en el acceso a la playa te marca la distancia: "África: 15 kms". Quince kilómetros de mar. Supongo que muchos, mirándonos desde África, pensarán lo mismo: "España al alcance de mis manos, mi futuro y el de mi familia al alcance de mis manos".

Intento imaginar el hambre, el frío, el agotamiento y, sobre todo, el miedo que sienten y no es justo. Los políticos se refieren a ellos como "ilegales", "sin papeles", "indocumentados" y no sé si, en algún momento, se plantean que son, simplemente y por encima de todo, seres humanos buscando una vida mejor. Y siguen haciendo negocio con la esperanza…

En Tarifa, las cosas se entienden de una manera distinta. Allí la realidad te golpea en la cara con el puño cerrado. Cuando caminas por la playa y ves restos de lanchas neumáticas enganchados aún en las rocas. Cuando en los bosques que beben de las playas te encuentras ropa y zapatos abandonados. Cuando los tarifeños te cuentan sus historias de ayudas clandestinas en noches oscuras. Cuando te hablan de esos ojos llenos de miedos, de fríos, de hambres, cuando te explican las curas que hacen a pieles quemadas por sal y gasolina…

Pero de poco sirve. Sus vidas siguen siendo un negocio. Y sus muertes, un buen trato…

Jueves, 15 de Septiembre de 2005 00:45 Enlaza este artículo. Tema: COSAS QUE PASAN Hay 5 comentarios.

17/09/2005

PARA SIEMPRE NUNCA

Amor a Todas Horas (Simon Silva).jpg

Ilustración: Amor a todas horas (Simón Silva)

Un día me dijiste: "Hoy quiero estar contigo para siempre"… Y yo te respondí: "Hoy no existe y para siempre es mucho tiempo". Y me besaste. Primero con los ojos y después con los labios.

Al día siguiente, me dijiste: "Ayer quise decir que nunca he sabido medir el tiempo". Y yo te respondí: "Yo nunca he sabido medir el amor". Y me abrazaste y dejaste caer tu cabeza sobre mi pecho desnudo.

Algún tiempo después me dijiste: "Creo que estoy dándote más de lo que debo". Y yo te respondí: "Me estás dando más de lo que te pido".

Y en nuestra despedida, me dijiste: "Nunca te olvidaré". Y yo te respondí: "No te preocupes, los nuncas duran poco".

Sábado, 17 de Septiembre de 2005 05:36 Enlaza este artículo. Tema: DENTRO DE MÍ Hay 7 comentarios.

18/09/2005

NO FUI YO

Amantes (Ricardo Carpani).jpg

Ilustración: Amantes (Ricardo Carpani)

Entre las líneas de la mano se me perdió el destino. Se escondió debajo de la piel, entre las venas y, desde allí, empezó a dirigir mi vida.

Así… no fui yo quien te dejó marchar sin lágrimas. Fue el destino.
No fui yo la que se dejó amar con silencios. Fue el destino.
Tampoco fui yo la que te amó sin quererte. Fue el destino.

Fue el destino y no yo quien me enfrió el alma, quien heló mis besos, quien acorazó mis abrazos y llenó de dudas mis palabras.

Desde tu herida me dirás que no lo entiendes. Recordarás tan sólo una piel dura, unos ojos oscuros y unos labios fríos. Y tu herida sangrará más cuando recuerdes la mentira que esa piel, esos ojos y esos labios esconden.

Me dirás que son excusas. Que cada cual es dueño de sí mismo. Que nadie hace lo que no quiere. Pero, ¿sabes? yo soy esclava de mi destino. Y tú llegaste tarde a rescatarme…

Domingo, 18 de Septiembre de 2005 14:48 Enlaza este artículo. Tema: DENTRO DE MÍ Hay 7 comentarios.

20/09/2005

EL DÍA QUE LO ENTIENDAS

No quiero flores en mi jarrón, ni lunas en mi almohada, ni estrellas en la palma de mi mano. No quiero el sol colgando de mi balcón, ni poemas recitados al oído…

No quiero promesas de arena, ni verdades a medias, ni eternos perdones. No quiero palabras para tapar palabras, ni silencios para ocultar silencios…

No quiero dudas escondidas entre besos, ni culpas ahogadas entre abrazos, ni miedos temblando entre caricias…

No quiero siempres ni mañanas, ni tu vida entera, ni tus labios míos. No quiero atardeceres nuestros, ni recuerdos de canciones, ni fotos en la cartera…

No quiero que olvides un pasado, ni siquiera que lo enfrentes, que lo superes, que lo ganes. Es tuyo y si quieres lo comparto. Puedo dormir con él, contigo, entre nosotros. No quiero que lo evites…

No quiero que te mientas, ni me mientas. No quiero que te arrepientas. No quiero ser tu próximo pasado. No quiero dormir mañana contigo, con ella, entre vosotros. No quiero que lo repitas…

Ya ves, amor, que apenas pido nada. No quiero que me ames si no vas a saber amarme…

Martes, 20 de Septiembre de 2005 00:12 Enlaza este artículo. Tema: DENTRO DE MÍ Hay 7 comentarios.

22/09/2005

NOSTALGIAS

Ternura (O. Guayasamin).jpg

Ilustración: Ternura (O. Guayasamín)

Decía Caye (Candela Peña) en Princesas que a veces sentía nostalgia por cosas que no han pasado. Y se preguntaba si eso era posible. Decía también que la nostalgia es echar de menos algo que te hizo feliz o que fue bonito. Ella siente nostalgia de la vida que no ha conocido, de la que soñó siendo una niña y nunca se cumplió.

A mí también me pasa…

Hay recuerdos que se pierden entre olvidos. Vidas soñadas que quedan enterradas bajo escombros. Futuros pasados que se perdieron en una curva tomada demasiado rápido.

A veces me pasa que la vida me recuerda mis silencios. Las habitaciones del alma se llenan de polvo y sus muebles están ocultos por sábanas. Esperan alguien que las alquile, para ventilarlas, para devolverles la luz que esconden las cortinas, para que el calor envuelva otra vez sus paredes.

A veces me pasa que la vida me recuerda lo poco que he vivido. Cómo he pasado por encima de todo lo que me ha mostrado. Cómo he evitado tantas veces rozar sus esquinas. Cómo he caminado por ella mirando hacia otro lado. Y siento nostalgia de lo que me quiso enseñar, de aquello que no vi, de lo que no llegué a sentir.

Pero a veces la nostalgia se disfraza simplemente de recuerdos. Y se pierde entre las habitaciones del olvido. Y juega al escondite con los espejos y su imagen se refleja cientos de veces rebotando en mi retina. Entonces, cierro los ojos y empiezo a recordar un futuro donde las nostalgias se disfracen de esperanzas.

Jueves, 22 de Septiembre de 2005 11:39 Enlaza este artículo. Tema: DENTRO DE MÍ Hay 3 comentarios.

25/09/2005

ESPEJISMOS

Paisaje Espejismo (Gunther Gerzso).jpg

Ilustración: Paisaje Espejismo (Gunther Gerzso)

Sábado, 1:15 de la madrugada. El taxi me recoge en Plaza Castilla. Con mi voz quebrada por el cansancio y una sospecha de resfriado le doy la dirección de mi casa. Sorteamos las vallas que impiden circular por la Castellana, el camino más corto habitualmente, y callejeamos escapando de las obras, esquivando grupos de jóvenes "daltónicos" que no distinguen el rojo del verde en los semáforos, observo los bares y escucho la música que escapa de sus paredes, voy cazando frases sueltas de la gente que se cruza a nuestro paso, trato de no escuchar la música estridente de los coches parados junto a nosotros, me concentro en el "Aviones Plateados" de la radio de mi taxi, y me viene a la cabeza la carátula del cd de El Último de la Fila que tengo en casa, con su plástico rajado por el uso y el tiempo…

Pienso en ti, mirando el reloj, calculando lo que tardaré en llegar. Sin prisa, tú preparas dos copas, en vaso corto, como a mí me gusta, de ron con un chorrito de limón exprimido, como a mí me gusta… El hielo lo pondrás más tarde, cuando escuches la llave en la puerta. En el salón, buscarás las velas de jazmín que guardo en el pequeño cajón que hay debajo de la tele, cogerás la cajita de cerillas que siempre dejo junto a ellas, y las encenderás cuidadosamente sobre la mesita que hay entre los dos sofás. Volverás a mirar el reloj y te vendrá a la cabeza de pronto aquél viejo cd de El Último de la Fila que tanto me gusta. Lo buscas sin dudar en el primer estante de la librería, después de ver allí uno de Antonio Vega, porque sabes que toda la música española la tengo en ese primer estante… Buscas la canción dos. Seleccionas. Play… "Veo tu casa desde mi balcón… chimeneas y tu ropa al sol. Aviones plateados rozando los tejados. Vestido y en la cama, vigilo tu ventana…".

Al llegar a la cocina escuchas la llave. Preparas el hielo en las copas, uno a uno, despacio. El último no llegará a rozar el ron. Mis manos te lo arrebatan. Sonríes, sin mirarme, y sientes mis brazos alrededor de tu cintura. Te giras y observas el hielo que tengo entre los labios, enganchado en una sonrisa. Me miras y susurras un "hola", me quitas el hielo y me besas. Y vuelves a susurrar… "me encantan tus labios fríos". Coges las copas y me llevas al salón… "...sólo mátame con tu mirada lánguida, que no recuerde nada más que esas manos tan frías…". Sonrío, me cuentas que de pronto te habías acordado de aquél viejo cd y que lo habías puesto por la canción dos, como yo. Me siento a tu lado y te acaricio el pelo. Me preguntas qué tal el día, te cuento que mucho trabajo y que empiezo a estar harta de que en mi profesión no se respeten los fines de semana, los festivos, las vacaciones… Me quitas con cuidado los zapatos y me acaricias las piernas. Tus labios rozan levemente mi cuello, mi hombro… tu dedo curioso se enreda en mi escote. Una de las velas chisporrotea, provocando que la sombra del techo se agite y baile enloquecida durante unos segundos. Una mano deslizándose entre mis muslos hace que yo también me agite…

   ........

Sábado, 1:35 de la madrugada. Giró la llave y enciendo la luz. Dejo el bolso sobre la mesa del recibidor y entro en la cocina. Caliento un vaso de leche y me voy al salón. Me siento, me quito los zapatos y empiezo a pensar en el trabajo, en la gracia que me ha hecho que mis jefes hayan planificado una grabación justo para el fin de semana, en lo harta que estoy de que en mi profesión no se respeten los festivos, las vacaciones… Mi vista topa en la librería con el lomo rajado de un cd. Me levanto, lo abro y selecciono la canción dos. Play… "Veo tu casa desde mi balcón… chimeneas y tu ropa al sol…".

   ........

A veces los sueños provocan terribles espejismos…

Domingo, 25 de Septiembre de 2005 12:52 Enlaza este artículo. Tema: DENTRO DE MÍ Hay 4 comentarios.

28/09/2005

EL PRINCIPIO DE PETER

"El ser humano tiende a ascender hasta llegar al nivel de su incompetencia".

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Llevo una semana grabando y preparando un programa piloto. Por supuesto, al ser sólo un piloto, la empresa ha puesto el equipo y los medios mínimos pero, por supuesto también, exige los mejores resultados. Nada nuevo. Estoy acostumbrada (no sé si "mal acostumbrada") a trabajar como una mula, sin echar cuentas de las horas ni los días, porque soy yo la primera que me exijo siempre que mi trabajo esté perfecto. Y cuando veo el resultado, y el resultado es bueno, me olvido al instante del esfuerzo y el tiempo extra empleado.

En mi empresa, como en todas, supongo, hay unos cuantos incompetentes. Afortunadamente, la mayor parte del año no tengo que trabajar directamente con ellos, pero esta semana, entre ese equipo mínimo, ha caído una de las mayores ineptas y a la vez una de las mejores pelotas de mi empresa. De hecho, creo que es la única persona con la no soy capaz de trabajar. Es vaga hasta decir basta, mentirosa, lianta, no tiene criterio, deja siempre el trabajo a medias, jamás hace una hora extra y siempre se va a su casa sin ningún cargo de conciencia. A mí, sin embargo, me deja una carga de trabajo extra, pues tengo que deshacer y rehacer sus errores, terminar lo inacabado y después, ponerme con lo mío. Su tiempo lo pierde-emplea en cotillear, en hablar por teléfono, en enterarse de todos los chismes de empresa y en montarse estrategias sutiles para ir ascendiendo y quedando de lujo delante de todos los jefes. A veces, cuando sus "marrones" me dejan tiempo, hasta me gusta observar cómo se vende delante de ellos. Su táctica siempre es la misma: no vende sus propios valores sino que resalta los fallos del resto. No se puede ser más ruin.

Hoy estallé. Llevo una semana tragando, rumiando por lo bajo y asumiendo el trabajo que ella deja pendiente. Pero mañana tiene que estar todo el material preparado y hoy me había planificado el día minuto a minuto para que llegáramos a tiempo. Y cuando he llegado y estaba preparada para empezar, me he encontrado con su chapuza y en cuestión de segundos he hecho un cálculo mental del tiempo que me iba a llevar arreglarlo. Toda mi planificación a la basura, retraso de todo el trabajo y una serie de personas haciendo horas extras para recuperar el tiempo que se iba a perder. Y no he podido más. Las personas que estaban conmigo en ese momento me conocen bien, son amigos además de compañeros de trabajo pero aún así, se han quedado mudos con mi reacción. Suelo ser una persona tranquila pero cuando estallo tengo un carácter de mil demonios. Nunca grito, odio los gritos, pero mi ceño y mi tono contundente pueden dejar helado a cualquiera. Lo reconozco.

Y entonces, uno de mis compañeros me ha dicho: "Pues ve pensando qué vas a hacer, porque este programa lo va a dirigir ella y a ti te han propuesto como coordinadora suya".

Y ahora no sé si reírme por la ironía del destino o echarme a llorar por el nubarrón negro que avanza sobre mi cabeza.

Miércoles, 28 de Septiembre de 2005 01:34 Enlaza este artículo. Tema: DENTRO DE MÍ Hay 9 comentarios.
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