COMO SIEMPRE D. (V) - Armarios en el cielo
Me preocupaba mucho D. No sabía cómo iba a afrontar él la muerte de mi padre. Los conceptos abstractos no tienen cabida en el mundo de los autistas y yo sabía que la explicación que iban a darle en mi casa era que “papá está en el cielo”. Y sabía perfectamente que eso no le iba a convencer en absoluto. A veces me sorprende la facilidad con que la gente llamada “normal” asume sin cuestionamiento ninguno todos esos conceptos vagos y llenos de adornos que cuenta la Iglesia.
Hace unos días me encontré a D. sentado en el porche del jardín, solo, mirando hacia el cielo y murmurando por lo bajo. Me senté a su lado y le acaricié el pelo. Me miró muy serio sin decirme nada. Le noté inquieto, sabía que rabiaba por preguntarme algo pero no se atrevía.
Yo: ¿Qué te pasa?
D: Estoy un poco triste. ¿Tú estás triste?
Yo: Un poco. ¿Y tú por qué estás triste?
D: ¿Ya no vamos a ver más a papá?
Yo: No… (tragando saliva, intuyendo la dura prueba que se me venía encima)
D: Es que él está ahora en el cielo…
Yo: Ahá, sí, así es.
D: (señalando el cielo infinito) ¿En el cielo? ¿En dónde?
Yo: Allí, detrás de esas nubes, encima de nuestra casa. Por eso no lo ves. Porque las nubes lo tapan.
D: ¿Y lo han quemado?
Yo: Sí, lo han incinerado (con la garganta seca, rebuscando en mi imaginación respuestas que pudieran volver a poner orden en su mundo)
D: ¿Y lo han quemado con el traje que llevaba puesto o se lo han quitado?
Yo: No, le han quemado con el traje puesto.
Silencio. Mirada hacia el cielo. Un breve parpadeo.
D: Y entonces, ahora, en el cielo… ¿está desnudo?
Yo: No. Porque allí en el cielo también hay armarios. Y ahora él tiene un armario enorme lleno de trajes y de camisas y corbatas, igual que aquí. Pero allí no tiene que pagarlos, porque allí es todo gratis.
D. sonríe. Y yo respiro, con cierto alivio. Pero a los pocos segundos, la duda vuelve a su mirada.
D: Yo le cuidé cuando estaba malito. Yo le cuidaba mucho.
Yo: Claro, cariño. Tú le cuidaste muy bien.
D: Pero se ha muerto…
Yo: Sí, pero es que a veces, aunque cuidemos mucho a las personas, cuando ya están muy malitas, se mueren. Y papá se ha muerto porque a él le gustaba cuidarnos a nosotros y como ya estaba muy malito, no podía hacerlo. Y ahora, en el cielo, él ya no está enfermo y ya no le duele nada. Y por eso ahora puede seguir cuidándonos otra vez, como ha hecho siempre. Porque ya está bien.
D: ¿Ya no le duele nada?
Yo: No, ahora está muy bien.
D: ¿Y ahora ya puede andar?
Yo: Claro, ahora da paseos otra vez. Porque ya no le duelen los huesos.
D: ¿Ya no le duele la espalda?
Yo: No, está otra vez fuerte.
Silencio de nuevo. “Está bien, ahora papá está bien”, murmura. Y de pronto, me abraza muy fuerte, con la mirada mojada y me besa en el pelo. “Pues te quiero mucho”, me dice. Y a mí se me atragantan las palabras y me hundo en su abrazo.
Al día siguiente, mi madre me cuenta sorprendida que D. le ha preguntado qué traje se habría puesto esa mañana mi padre.
Comentarios » Ir a formulario
![]()
Autor: Abu49
Los grandes respondemos llenos de miedo porque también no cuesta entender la idea del morir.
Fecha: 22/04/2006 03:23.
![]()
Autor: Javier.
A veces crecer es perder.
Un fuerte abrazo.
Fecha: 22/04/2006 11:43.
![]()
Autor: Ardi
Fecha: 22/04/2006 19:40.
![]()
Autor: Deseo
Fecha: 23/04/2006 22:17.
![]()
Autor: Claudio Gonzalez
Fecha: 25/04/2006 15:16.
![]()
Autor: felipe
Fecha: 08/05/2006 17:48.
![]()
Autor: jordi
Fecha: 10/05/2006 20:20.
![]()
Autor: Carla
Nunca he convivido con un autista, tu relato me ayuda a comprender ese mundo que pese a la problemática, puede ser encantador.
Fecha: 27/01/2007 05:37.

















