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Resumen

04/04/2006

PARA SIEMPRE

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No sé cómo voy a hacerlo a partir de ahora sin ti. El cielo ya no me parecerá lo mismo.

Ya no quiero mirar las estrellas. Ya no quiero buscar la Osa Mayor ni el destello rojo de Marte.

No me esperaste. No llegué a tiempo. Y yo sólo quería que me miraras antes de cerrar los ojos.

Y abrazarte. Y calmarte el dolor con mis caricias.

Ahora tengo un abrazo vacío y un te quiero en la punta de los labios.

Martes, 04 de Abril de 2006 10:33 Autor: Luces-D-Bohemia. Enlaza este artículo. Tema: DENTRO DE MÍ Hay 11 comentarios.

08/04/2006

ARENA EN UN PUÑO

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Ilustración: Rumor de Llanto (Nicoletta Tomas)

 

Miro el reloj. Las 9:30. Me miro al espejo de arriba abajo. Legañas, ojeras, camisón y el pelo revuelto. Vuelvo a mirar el reloj. Las 9:32. Calculo mentalmente y a toda velocidad y me doy cuenta de que ya no llego a tiempo.

Desde que mi memoria recuerda siempre he tenido la sensación de llegar tarde a todo. He pasado la mayor parte de mi vida intentando alcanzar las puertas antes de que se cerraran. Corriendo para no perderme la vida. Pero la vida siempre se acababa antes de que yo llegara.

Cuando era muy pequeña quise ser princesa cuando el último príncipe azul ya había muerto. Más tarde, quise ser bailarina cuando el lago de los cisnes ya se había secado. Un poco después, quise también ser escritora cuando todas mis letras ya se habían borrado. Y después, mucho después, quise ser guerrillera cuando ya no había ideales por los que luchar.

El reloj ha sido siempre mi peor enemigo, marcando insolente con su tic tac las horas perdidas, esas horas que se descuelgan de sus manecillas y se resbalan por mi cuerpo hasta perderse en ese agujero donde guardo todas las cosas que nunca han ocurrido. Son esas cosas con las que escribo mi vida. Una vida de nadas, de vacíos, de aires comprimidos, de espacios delimitados por sombras, de huellas que no recuerden pisadas. Arena, mi vida es, tan solo, arena escapando de un puño.

Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac. Un día, hace ya mucho tiempo, descubrí que es éste el sonido de mi corazón. Su latido es una pauta de tiempo y no de vida. Unas notas aburridas repetidas en un sucio pentagrama, con la tinta corrida por las lágrimas vomitadas. Tic, tac. Tic, tac. Retumbando en mi cabeza. Tic, tac. Tic, tac. Rebotando en las paredes de mi alma.

Me retuerzo. Escupo. Vomito. Y el cuco se posa sobre mis hombros y me canta las horas al oído. Llego tarde. Lo sé. Pero ya no quiero correr más. Me cansé de perseguirme entre calles oscuras y de esconderme detrás de los vacíos. Y el tiempo, o la vida, que viene a ser lo mismo, esperando silenciosos en todas las esquinas.

Ahora, el tiempo sólo me sirve para medir recuerdos. Y hoy, sólo recuerdo que, de pequeña, nunca me gustaron los relojes.

 

Sábado, 08 de Abril de 2006 11:24 Autor: Luces-D-Bohemia. Enlaza este artículo. Tema: DENTRO DE MÍ Hay 7 comentarios.

14/04/2006

CUANDO CALLAS

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Ilustración: El Abrazo (María Clara Rossi) 

Hay noches que me recuerdan a tus ojos. Impenetrables… Cobijo negro del miedo.

Cuando callas, ni siquiera te veo. Mis manos palpan, temblorosas, los vacíos de tu alma. Siento tu aliento en mi nuca, pero no alcanzo a sentir tus labios. Cuando callas me lleno de dudas, me enredo con mi propia sombra y me caigo en tu silencio, tropezando con tus ojos.

Cuando callas, no estás. Y a mí me haces invisible y lloro hacia dentro, inundándome el alma. Mis abrazos son huérfanos de tu pecho, rodeando la soledad que dibujas con tu mirada. Con tu mirada llena de palabras que no existen… Cuando callas me rompo, se me hace pedazos el coraje y con la punta de mis dedos le pido ayuda a tu piel. Y aunque callas, puedo sentir tu temblor.

Cuando mis ojos buscan su reflejo en los tuyos y los párpados se te caen hasta el suelo, me abandono. Me quedo sin nombre y me robo la vida. Me vacío, me desnudo de tus besos y me arranco tus caricias.

Y me quedo muda. Para hablar con tu silencio…

Viernes, 14 de Abril de 2006 17:52 Autor: Luces-D-Bohemia. Enlaza este artículo. Tema: DENTRO DE MÍ Hay 8 comentarios.

22/04/2006

COMO SIEMPRE D. (V) - Armarios en el cielo

Me preocupaba mucho D. No sabía cómo iba a afrontar él la muerte de mi padre. Los conceptos abstractos no tienen cabida en el mundo de los autistas y yo sabía que la explicación que iban a darle en mi casa era que “papá está en el cielo”. Y sabía perfectamente que eso no le iba a convencer en absoluto. A veces me sorprende la facilidad con que la gente llamada “normal” asume sin cuestionamiento ninguno todos esos conceptos vagos y llenos de adornos que cuenta la Iglesia.  

Hace unos días me encontré a D. sentado en el porche del jardín, solo, mirando hacia el cielo y murmurando por lo bajo. Me senté a su lado y le acaricié el pelo. Me miró muy serio sin decirme nada. Le noté inquieto, sabía que rabiaba por preguntarme algo pero no se atrevía.  

Yo: ¿Qué te pasa?
D: Estoy un poco triste. ¿Tú estás triste?
Yo: Un poco. ¿Y tú por qué estás triste?
D: ¿Ya no vamos a ver más a papá?
Yo: No… (tragando saliva, intuyendo la dura prueba que se me venía encima)
D: Es que él está ahora en el cielo…
Yo: Ahá, sí, así es.
D: (señalando el cielo infinito) ¿En el cielo? ¿En dónde?
Yo: Allí, detrás de esas nubes, encima de nuestra casa. Por eso no lo ves. Porque las nubes lo tapan.
D: ¿Y lo han quemado?
Yo: Sí, lo han incinerado (con la garganta seca, rebuscando en mi imaginación respuestas que pudieran volver a poner orden en su mundo)
D: ¿Y lo han quemado con el traje que llevaba puesto o se lo han quitado?
Yo: No, le han quemado con el traje puesto.  

Silencio. Mirada hacia el cielo. Un breve parpadeo.  

D: Y entonces, ahora, en el cielo… ¿está desnudo?
Yo: No. Porque allí en el cielo también hay armarios. Y ahora él tiene un armario enorme lleno de trajes y de camisas y corbatas, igual que aquí. Pero allí no tiene que pagarlos, porque allí es todo gratis.  

D. sonríe. Y yo respiro, con cierto alivio. Pero a los pocos segundos, la duda vuelve a su mirada.  

D: Yo le cuidé cuando estaba malito. Yo le cuidaba mucho.
Yo: Claro, cariño. Tú le cuidaste muy bien.
D: Pero se ha muerto…
Yo: Sí, pero es que a veces, aunque cuidemos mucho a las personas, cuando ya están muy malitas, se mueren. Y papá se ha muerto porque a él le gustaba cuidarnos a nosotros y como ya estaba muy malito, no podía hacerlo. Y ahora, en el cielo, él ya no está enfermo y ya no le duele nada. Y por eso ahora puede seguir cuidándonos otra vez, como ha hecho siempre. Porque ya está bien.
D: ¿Ya no le duele nada?
Yo: No, ahora está muy bien.
D: ¿Y ahora ya puede andar?
Yo: Claro, ahora da paseos otra vez. Porque ya no le duelen los huesos.
D: ¿Ya no le duele la espalda?
Yo: No, está otra vez fuerte.  

Silencio de nuevo. “Está bien, ahora papá está bien”, murmura. Y de pronto, me abraza muy fuerte, con la mirada mojada y me besa en el pelo. “Pues te quiero mucho”, me dice. Y a mí se me atragantan las palabras y me hundo en su abrazo.  

Al día siguiente, mi madre me cuenta sorprendida que D. le ha preguntado qué traje se habría puesto esa mañana mi padre.

Sábado, 22 de Abril de 2006 03:03 Autor: Luces-D-Bohemia. Enlaza este artículo. Tema: COMO SIEMPRE D. Hay 9 comentarios.

28/04/2006

A LO MEJOR, EL OLVIDO

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Ilustración: Amantes 110 (Nicoletta Tomas)
 

A lo mejor no me quieres y son todo sueños míos. A lo mejor, nunca me has querido… Ni siquiera cuando en tu mirada podía ver los escalofríos de tu piel al tocarme. Puede que ni siquiera entonces me hayas querido.  

A lo mejor leí mal tus labios cuando me besaste en aquél rincón oscuro, lleno de humo gris y voces que no eran nuestras. A lo mejor entonces tus labios sólo decían que no me querías y yo no supe leerlo.

A lo mejor, ya no lo sé, no querías retenerme aquel día que te dije que me marchaba y me abrazaste durante una eternidad, con el rostro hundido en mi cuello, con tu respiración nerviosa acariciando mis hombros, sentados en el suelo, desnudos de ropa y cubiertos de silencio. Un silencio que sólo al rato rompiste para susurrarme: “Quédate”. Pero me fui… Salí huyendo de tu abrazo infinito, de la soledad que te envolvía y quería devorarme, de la tristeza que se apoderaba de tu voz y de ese miedo que llevas pegado en la piel y que me hace siempre el amor al mismo tiempo que tú. Salí de allí temblando, con tus ojos tristes arañándome el corazón y acariciándome el recuerdo de tu último beso en mi cuello. Caminé, aquél día caminé durante mucho tiempo, siguiéndole el rastro a mis recuerdos, perdiéndome en la ciudad como me perdía siempre en tu cama. Y a cada paso, me negaba a aceptar que te había sentido, que por primera vez me habías dejado colarme por una rendija de tu piel, que habías bajado la guardia y me habías mostrado la confusión con que te vestías cada mañana. Y me encontré de pronto en una calle que no conocía, desorientada, cansada de caminar, tragándome las lágrimas. Sintiéndome extranjera en mi propia ciudad. Igual me sentía tantas veces frente al mapa de tu cuerpo…

Después de aquello llegaron nuevos silencios. Tuyos y míos. Largos y densos. Hostiles y amargos. Y llegaron con ellos más confusiones, más desencuentros. Más soledad teñida de rabia unas veces y envuelta, otras, en calma. Pero nunca el olvido. Ni tuyo ni mío. Ni nuestro… Como un castigo que nos devoraba las entrañas, apartándonos la piel para acercarnos el recuerdo. Con eso creímos que la herida cerraría, que el olvido llegaría un día para llevarse nuestros nombres. Pero el olvido no llegó y una noche, mirándonos de nuevo a los ojos, temblando las pupilas, con los dedos enredados, decidimos dejar de esperarlo. Y nos olvidamos del olvido, del tuyo y el mío. Y recordamos de nuevo nuestros nombres, nuestras pieles, nuestras lenguas, nuestros ombligos. Y se nos olvidó también empezar desde el principio…

Y ahora, a lo mejor, ya no estoy en ningún sitio porque estoy a medio camino entre tus labios y tu espalda, perdida en la mitad exacta de tu ayer y tu mañana, en medio de tu olvido y tu recuerdo, en algún punto inconcreto entre quererme y no quererme.

Viernes, 28 de Abril de 2006 03:36 Autor: Luces-D-Bohemia. Enlaza este artículo. Tema: DENTRO DE MÍ Hay 9 comentarios.
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