Se muestran los artículos pertenecientes a Junio de 2007.
Resumen
- 06/06/2007 01:40 - LO QUE NO SABES
- 10/06/2007 05:28 - DESHABITADA
- 16/06/2007 02:30 - TIEMPOS MUERTOS
- 20/06/2007 16:05 - HASTA QUE TE HAYAS IDO
- 21/06/2007 01:34 - SUBVERSIÓN
- 29/06/2007 03:02 - MI OTRO SOL
06/06/2007
LO QUE NO SABES

Ilustración: Kiss Under The Moon (Ivan Koulakov)
Dices que te cuesta entenderme. Que es difícil a veces estar a mi lado. Que me pierdes por momentos y no sabes por dónde empezar a buscarme...
Y lo sé. Yo sé todo eso. Y soy todo eso. Y más. Soy mucho más de lo que intuyes y mucho menos de lo que sabes. Pero no puedo explicártelo.
Lo que no sabes quizás es que me alejo de la orilla de tus manos para ahogarme en los vacíos líquidos de tu mirada. No sabes que mis silencios son la voz con la que mis miedos te gritan y que los besos que a veces no entiendes son las lágrimas que no derramo. Mis despedidas, repentinas e inesperadas, sólo son disfraces de mi fragilidad. Pero tú no lo sabes. No debes saberlo. Y yo… no puedo explicártelo.
A veces, cuando me deshago bruscamente de tus abrazos, no puedes saber que sólo estoy tratando de recuperar el equilibrio. Que envuelta en ti siento muchas veces que me caigo y que me roza el aliento de la locura. A veces también, cuando te abrazo y el tiempo se diluye en nuestras pieles, no puedes saber que sólo estoy tratando de ocupar el espacio que en realidad le corresponde a la soledad. A la mía. Pero también a la tuya. Pero no quiero que lo sepas. No puedo explicártelo.
No quiero que sepas que podría encontrar cada uno de tus lunares con los ojos cerrados, y que tus labios sobre mi cuello me desbordan el deseo. No quiero que sepas que le he puesto tu nombre al futuro y he llenado los espejos con tu mirada.
No puedo explicarte cómo soy ni de qué estoy hecha. No puedo hablarte de mis ausencias, de mis temblores, de mis dudas, de mis vacíos, de mis sombras…
Porque… ¿qué pensarías entonces? ¿qué sentirías si supieras, si descubrieras un día, que soy capaz de amarte?
10/06/2007
DESHABITADA

Ilustración: Tormenta (Susana Weingast)
El cielo no existe. Es un lienzo gris, sucio, vacío…
Empezó a llover con rabia, con el descaro de los rebeldes, y el cielo desapareció.
Abrí la ventana. Dejé que entrara la noche. Dejé salir al insomnio. El salón se convirtió en una concurrida reunión de viejos conocidos que iban y venían empujados por la tormenta, por su brisa mojada, por los truenos. La ansiedad, la tristeza, las soledades prestadas, el miedo adoptado, las miradas retenidas, las nostalgias incurables, los sueños alquilados, los recuerdos vagabundos…
Invadido mi espacio. Obligada a ejercer de perfecta anfitriona de unos imperfectos invitados. Cansada. Lejana. Con el corazón alienado. Con las ganas desahuciadas. Deshabitada y renegada.
La noche, más gris que nunca, entraba por la ventana. Y yo sólo podía mirar los tejados. Con los ojos enquistados de lágrimas que ya no quiero derramar. Con las ojeras llenas de insomnios que cantan tic tac, tic tac, como un arrullo ensordecedor.
Cerré la ventana. El silencio canceló la fiesta. Me quedé vacía de nuevo. La noche se quedó fuera. Con su tormenta. Con su descaro. Con sus tejados. Con su olor a amores añejos…
Y yo, despacio, pesadamente, arrastré mi soledad hasta la cama y me acurruqué junto a tu hueco vacío.
Junto a tus brazos ausentes…
16/06/2007
TIEMPOS MUERTOS

Ilustración: Tired (Ivan Koulakov)
Pasa y, al pasar,
muestra a todos la verdad.
Y por no parar
vive la inmortalidad.
Amo el tiempo y su elasticidad.
(“Palabras” - Antonio Vega)
El tiempo es como ese viento que barre las hojas secas de las aceras. Que las revuelve y les arrebata la voluntad. Que las domina y convierte en frágiles fantoches, sin el amparo ya de los robustos troncos que las protegían.
Los recuerdos son hojas secas. Arrancados de la memoria, el tiempo juega con ellos y los vuelve quebradizos. Nada hay más ambiguo que el tiempo, persistente y huidizo, añejo e inmaduro, lejano e inminente… Nada hay más obstinado que el tiempo.
El tiempo es un ladrón que afana recuerdos para revenderlos como olvidos. Es una niebla espesa que nubla la retina de las nostalgias para cegarlas con amnesias. El tiempo todo lo cura a fuerza de diluir nuestras huellas para que no reconstruyamos caminos.
Y juega a ser ese dios del que habla la gente que maneja destinos y reparte arbitraria y caprichosamente segundas oportunidades.
El tiempo ha querido despojarme del tacto tenue de tus manos. Me está arrebatando el sabor agridulce de tus labios, el abismo de tus miradas polisémicas, la cadencia de tu voz en la orilla de mi cuello y el rumor de tus silencios al borde de mis desafíos. A cambio, y como favor personal, me ha vendido muy baratas soledad, ausencia y melancolía.
Pero el viento, ese que barre las hojas secas de las aceras y las convierte en frágiles fantoches, me arrancó de las manos, del corazón, de las entrañas, el manual de instrucciones.
20/06/2007
HASTA QUE TE HAYAS IDO

Ilustración: Lovers (Ivan Koulakov)
Hoy no soy piel. Soy carne.
Hoy no soy caricia. Soy arañazo.
Hoy no soy beso. Soy mordisco.
Hoy soy puro instinto. Deseo. Capricho. Sed. Hoy tengo perversión en la mirada.
He mandado al Infierno mi alma y el corazón a la Antártida. No quiero que regresen hasta mañana. Hasta que te hayas ido. Hasta que te hayas quemado. Hasta que nos hayamos ahogado…
Hoy no busques mi cuello porque está ausente. Hoy sólo soy garganta.
Hoy no quieras mis labios porque sólo soy lengua.
Hoy no pienso abrazarte. Hoy te voy a cercar, a envolver, a ceñir…
Caerás en la emboscada de mi cuerpo y te envenenaré con el pecado de mi saliva. El final de mi espalda será el principio de tu condena y mi pecho será el abismo desde el que caerás hasta mi ombligo.
No habrá palabras pero el silencio se hará sonido. Eco. Rumor. Susurro. Gemidos.
No habrá colores pero la luz se teñirá de rojo. Calor. Fuego. Sudor. Brasas.
Hoy no tendrás que intuirme ni adivinarme. Hoy estoy desnuda, despojada de reflejos melancólicos, descalza de ternura, desprovista de recuerdos.
Hoy le di al amor el día libre y le he pedido que no vuelva hasta mañana.
Hasta que te hayas ido…
21/06/2007
SUBVERSIÓN

Ilustración: Bloqueo (Caridad Pontes)
No soy perfecta. Aunque lo pretenda todo el mundo y aunque todos me fuercen a parecerlo. Inconscientemente, lo sé. Sin ánimo de obligarme. Sin hacerlo evidente. Más bien, de un modo natural. Tan natural que a mí se me revuelve la conciencia. Y las entrañas. Y las ganas…
Y hoy, son ellas, conciencia y entrañas, las que escriben. Yo no domino la mano. Los dedos son autónomos. La catarsis es la que habla. No me importa lo que diga. No pienso corregirla ni enseñarle modales. Hoy le doy a ella toda la libertad que a mí se me ha negado siempre. La que yo misma me he negado. La que conozco sólo de oídas. La que me cuentan que existe. La que vive a miles de kilómetros de mi piel…
Estoy agotada. Reventada de tener que esforzarme por hacer todo aquello que los demás esperan de mí. O que creen que soy capaz de hacer. Cansada de comportarme de un modo social y genéricamente correcto. Acorde a lo que piensan que soy. Que sé. Que muestro. Que ven. Que intuyen.
Hoy me ha violado la subversión y tengo el alma insurrecta. Hoy me llamo rebelión y he nombrado a Don Quijote coronel de mis tropas. Hoy estoy loca. Y me hundo en la locura, tan suave, tan inconsistente, tan demoledora. Porque no tengo ganas ni motivos para luchar contra ella. Me uno a su ejército y juro su bandera. Reclamo sus tierras, sus horizontes y sus destierros.
Me da igual lo que digan, lo que piensen y lo que sientan. Me da igual lo que yo diga y lo que piense. Lo que siento… Lo que siento ya es otra cosa.
Siento en blanco y negro, en cátodos y ánodos, en palabras y silencios, en líquidos y sólidos, en realidades y fantasías. Siento que debo y no quiero, que quiero y no debo, que podría y no me atrevo, que me atrevo y no podría…
Me siento rodeada y cuando miro a mi alrededor me doy cuenta de que estoy sola. Me siento prisionera pero no encuentro las rejas que me retienen. Quiero gritar, tan alto y fuerte como mis pulmones nicotizados me permitan, pero algo invisible, innato, me sella los labios.
Escupo del recuerdo frases ajenas, pero cercanas, que circulan viciosamente alrededor de mi corazón: eres increíble, aunque tú no quieras creerlo; nunca he conocido nadie como tú; si te hubiera conocido hace veinte años…; no me falles nunca; eres lo mejor que me ha pasado; te necesito; confío en ti; eres especial; te mereces lo mejor; si fuera hombre estaría loco por ti; eres mi tesoro más frágil; si volviera a nacer querría ser tú; eres dura y tierna como la montaña, quédate conmigo; eres distinta a todo el mundo…
Las escupo, las vomito, las fusilo y las entierro. Porque no soy distinta a nadie. Porque no soy especial. Porque no quiero que me necesiten ni vivir con el peso de no fallar a otros. Bastante me pesa no fallarme a mí misma. Porque los condicionales (si te hubiera, si volviera…) nunca he sabido conjugarlos. Porque me sobra todo y me sobro yo misma. Porque me falta tanto y me falto tan a diario.
Porque no soy perfecta. Y estoy harta de que nadie se dé cuenta…
29/06/2007
MI OTRO SOL
Cuando L. nació, era un bebé sano y precioso. Gordita (cuatro kilos de peso para ser niña), mofletuda, morena y con unos enormes y oscuros ojos. Dos hoyuelos en sus mejillas anunciaban lo viva y pícara que tenía intención de ser. Era activa y revoltosa, como cualquier niño, pero buena. Aprendía rápido. Empezó a caminar antes que otros niños, agarraba su biberón ella sola con unos pocos meses, y empezó a balbucear palabras muy temprano. Lloraba poco y obedecía bastante, aunque pronto empezó a dar muestras de que no iba a ser fácil hacerle cambiar de opinión cuando tomaba una decisión. Tozuda, como su padre; decía siempre su madre. Y a su padre se le caía la baba cuando escuchaba esta frase. La niña le seguía a todos lados, gateando o caminando torpemente, y observaba con atención cada movimiento suyo. Cuando salían a hacer excursiones por el campo, correteaba vacilante entre hierbajos, ortigas y piedras detrás de su padre y llegaba siempre a casa con las piernecitas llenas de arañazos. Pero era feliz y lo demostraba con sus grandes sonrisas.
Ese fue su primer año de vida. Con apenas once meses la mala suerte, tan envidiosa como es, se cebó con ella. Un perro le hincó el diente en uno de sus hoyuelos y, tras una larga noche de fiebres y sudores, el precioso bebé entró en coma. Hospitales, médicos enloquecidos tratando de salvarle la vida, cientos de pruebas, decenas de pinchazos en sus bracitos regordetes y, finalmente, un diagnóstico: encefalitis. Y un pronóstico: con su edad, la muerte. Sus padres, desesperados, preguntaron una segunda vez. El médico, conmovido probablemente, sólo se atrevió a decir: en el remotísimo caso de que sobreviva, será un vegetal toda su vida. La madre preguntó si podían hacer algo. ¿Cree usted en los milagros? La madre no lo dudó: Sí, contestó rotunda. Entonces, lo único que puede hacer usted es rezar. Y la madre rezó durante ocho día seguidos, sin parar, arrodillada al borde de la cama donde agonizaba su bebé de rizos negros, hoyuelos en las mejillas y enormes ojos que ahora permanecían cerrados. Quisieron llevársela de allí, los médicos, las enfermeras, el marido, los amigos… Tenía que comer y descansar. Pero ella no se movió de esa cama.
A los ochos días, tozuda como siempre ha sido y por llevarle la contraria a los médicos, L. abrió los ojos. Y los médicos, sorprendidos, reconocieron que la única explicación posible era el milagro.
Ese milagro tiene hoy 39 años. El único rastro que queda en ella de la encefalitis es una mínima discapacidad intelectual que le afecta principalmente a la memoria a corto plazo y a la capacidad de concentración y que le ha impedido básicamente poder realizar unos estudios superiores. Por lo demás, es suficientemente autónoma, sigue teniendo unos hoyuelos pícaros en las mejillas y unos enormes y preciosos ojos negros. Es dulce, tierna, cariñosa, sensible, comprensiva, generosa hasta límites imprudentes, responsable…
Y lo mejor de todo: tozuda. Sigue siendo tozuda, como su padre.
(L. es mi hermana. Me parecía injusto por mi parte haberle dedicado tantos textos a mi otro hermano, D., y no haber hablado nunca de ella. Son mis dos soles. Las dos razones más poderosas que tengo para seguir luchando cada día).

















