COMO SIEMPRE D. (VI)
D. habla casi todas las noches con mi padre. Antes de acostarse, sale al jardín, mira hacia el cielo y saluda con la mano. Entonces, empieza a hablar, sin dejar nunca de mirar al cielo. Hace pausas, como si estuviera escuchando y asiente con la cabeza. Sigue hablando, gesticula y, de vez en cuando, sonríe. Al rato, entra de nuevo en casa y nos dice que papá nos manda muchos besos. Le pregunto sobre la conversación que han tenido y me dice que han estado hablando de lo que han hecho ambos durante el día, que le ha dicho a papá que está cuidando mucho de todos nosotros y que papá le ha dicho que está muy orgulloso de él y que le quiere mucho. Después nos besa a todos en la frente o en la cabeza, como hace siempre, nos da las buenas noches y se acuesta. Mi madre me mira con los ojos húmedos y me dice: “A veces llego a creer que tu padre le habla de verdad”. Y yo, cuando le observo y le escucho en silencio, también podría llegar a abandonar mi ateísmo y mi escepticismo. A veces pienso que si realmente mi padre siguiera existiendo, sin duda escogería a D. para comunicarse con nosotros. Porque él es el más puro, el más natural, el único libre por completo de cualquier prejuicio, el que tiene la conciencia más intacta y más limpia… el mejor receptor, sin duda, de cualquier mensaje de amor.
Ayer, tres de abril, se cumplieron dos años de la muerte de mi padre. Hace 2 días, el pasado dos de abril, se celebró por primera vez el Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo. Dos hechos que, para cualquier persona, no tienen relación. Para mí sí. Mi padre, junto a mi madre, fue una de las personas que más luchó por dar a conocer al mundo este trastorno. Fueron ambos pioneros en nuestro país del movimiento asociativo en torno al autismo. Fueron los primeros que empezaron a llamar a mil puertas buscando ayuda y aportando información. Hoy aún hay mucha gente que no sabe lo que es el autismo. Hace casi 40 años, cuando mis padres empezaron su lucha, podría decirse que ni siquiera existía. A D. lo diagnosticaron correctamente a los 9 años. Hasta ese momento pasó por decenas de médicos que decidieron etiquetarle con otros muchos nombres: loco, subnormal, sordo… alguno llegó incluso a decirle a mi madre que la que estaba enferma era ella, porque el niño era perfectamente normal. Y era cierto que D., físicamente, lo parecía. Era un niño guapo, sin ningún rasgo externo de anomalías. Pero mi madre, primeriza en el campo de la maternidad, sabía que no era normal que D. se autolesionara, que con siete años cumplidos no hubiera pronunciado ninguna palabra, que gritara cuando anochecía, que diera vueltas y saltos sobre sí mismo, que no quisiera nunca ser abrazado, que no diera besos, que no mirara a los ojos cuando le hablaban, que no jugara… A los seis años uno de los médicos le dijo a mi madre: “voy a serle franco. Su hijo es subnormal. Nunca se va a curar y nunca será capaz de hacer nada por sí mismo. Tendrá usted que alimentarle, vestirle y lavarle toda la vida. Debería ingresarle en un centro”. Y mi madre, una vez más, no se rindió. No aceptó lo que le decían. Y siguió luchando, con el apoyo incondicional de mi padre. Ambos tomaron un día la decisión más sabia a mi juicio. Asumido ya que D. nunca podría ser ingeniero, ni profesor, ni albañil, ni científico, decidieron que querían que D. fuera, simplemente (¡¡simplemente!!) feliz. Se dedicaron a estudiar y analizar cada una de sus reacciones para comprenderlas, a enseñarle con infinita paciencia pequeñas cosas cotidianas para que tuviera una cierta autonomía (tardaron 3 meses en enseñarle a atarse los cordones de los zapatos) y, poco a poco descubrieron, de manera autodidacta, que el mejor tratamiento para un autista era quererle y aceptarle.
Hoy, si le preguntas a D. que si es feliz, te contesta sin dudarlo: “Sí, mucho”. Le preguntas por qué y vuelve a contestar con una confianza plena: “Porque todo el mundo me quiere”.
Así de fácil. Así de simple. Sin esos grises que nos empañan al resto la vida.
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Autor: Zifnab
Echaba de menos a D. por toda la ternura que le pones al asunto. Conste que me ha emocionado (y juro que cada vez que leo escrito eso es un blog me da un punto de rechazo por artificioso) y conste que yo agnóstico practicante, creo que lo que cuenta tu hermano pueda ser una de las razones más importantes que me han dicho nunca para dejar de serlo. Es más, estoy seguro de que si habla con tu padre. Ojalá le conteste...
Recomendaré mucho este post a mucha gente. Recomendaré a muchos más la última frase.
Es, debería de ser la única razón
Se feliz Polilla. Y dale un achuchón fuerte a D. de mi parte. Y otro a tu padre. Y un tercero a tu madre.
Fecha: 04/04/2008 12:26.
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Autor: srta desconocida
Tus textos siempre me tocan, de un modo u otro. Un placer.
bicos
Fecha: 04/04/2008 18:51.
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Autor: Edel
Fecha: 04/04/2008 19:13.
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Autor: libertario
Fecha: 05/04/2008 19:26.
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Autor: Mafalda
Perdón si he sido atrevida, no pretendo ofenderte.
Duelen los aniversarios de los que ya no están físicamente. Pero D tiene razón, lo que fue y lo que hizo, está ahí, en vosotros, en los que lo conocistéis y lo amastéis y habéis aprendido de su modo de ser y de hacer.
Un abrazo de ternura os envuelve a todos a través de la conversación que D mantiene cada noche con él...
Fecha: 07/04/2008 22:09.
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Autor: yosoyyoytuerestu
Bueno a todo esto, tus hitorias TODAS me gustan mucho sobre todo el último párrafo de casi todas, sabers darle una conexión y un no sé que que hace que a uno se le paren los pelos y que diga: "wow, de verdad esto me llega mucho"......
Felicitaciones por todo, sigue queriendo y escribiendo tan bien como lo haces...
Polilla, bendiciones y confía en que tu padre se comunica con D, porque quienes nos quieren nunca nos dejan solos ni dejan que estemos tristes...
Fecha: 12/04/2008 07:27.
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Autor: Brujaroja
Fecha: 12/04/2008 21:54.
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Autor: Moony
Pero sí creo en el alma. Y en la inocencia. Y en la felicidad del que no teme.
Como D.
Un beso grande.
Fecha: 14/05/2008 11:22.
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Autor: jordi
Te juro que lo que sale en ese libro es mi vida.
Fecha: 03/07/2008 11:10.

















