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10/05/2007
RESPETO
Las Polillas Saben de Mí está a punto de cumplir tres años de vida. A finales del próximo mes de junio, concretamente, soplará las velas. Y desde su nacimiento siempre ha sido un diario personal, un cuaderno virtual donde he dejado plasmados los sentimientos que me han provocado diferentes momentos de mi vida a lo largo de estos años. De vez en cuando, muy de vez en cuando, me he permitido algún texto de ficción, pero como trato de ser lo más honesta posible conmigo misma, soy consciente de mis limitaciones en ese campo y no abuso de ello.
Escribo creo que desde que aprendí que juntando las letras se podían formar palabras. Mi madre aún guarda “poemas” que le dedicaba llenos de faltas de ortografía, letra vacilante y expresiones infantiles. La cosa viene de familia, según dicen. Antepasados poetas y periodistas plagan mi árbol genealógico. Pero a mí lo que de verdad me ha empujado siempre a escribir no es la sangre sino el corazón. Escribo como terapia, para calmar sentimientos revueltos, como catarsis, como desahogo, como cura. Lo que leéis son mis entrañas, mis vísceras, mis latidos, mis insomnios, mis lágrimas, mis miedos, mis tristezas, mis dudas…Podría seguir escribiendo en un cuaderno tradicional, como he hecho toda la vida, pero tomé la decisión de hacerlo en internet porque siempre he creído que la comunicación enriquece. Pensé que de esta manera podrían leerme personas que sintieran parecido a mí y que pudieran sentirse identificadas. Pensé también que las opiniones de otros podrían, a su vez, servirme y ayudarme. Terapia, una vez más. Comunicación, interacción, una vez más…
Sin embargo, lo que nunca pensé cuando creé este blog fue que otros podrían copiar mis textos. Lo sé, un exceso de ingenuidad e ignorancia por mi parte teniendo en cuenta que esto es internet. Pero es que me parecía bastante absurdo realmente que alguien copiara textos tan personales, que hablan de mi vida, que cuentan detalles de mi vida, de personas de mi vida y se los pudiera atribuir como propios. Pero finalmente, ocurrió. Y sigue ocurriendo.
Al principio no le di demasiada importancia, aunque no entendía muy bien el sentido. Uno crea una página personal para que sea eso: personal, ¿no? Y si en tu página personal lo que publicas son textos de otras personas… ¿no deja entonces de ser personal?, ¿qué sentido tiene?, ¿qué mérito tiene?, ¿de qué te sirven o en qué te pueden ayudar los comentarios que puedan hacerte otras personas sobre el texto (o post) si no es tuyo?
Después, a medida que he ido descubriendo textos míos en otras páginas, he ido pasando de la sorpresa al enfado. Especialmente cuando me encuentro de pronto con textos como el de SI TE QUEDAS, que es quizás uno de los más personales que he publicado, donde hablo de mi padre, pocos días antes de que falleciera. O el de A FLOR DE PIEL, también tremendamente personal. Me enfado y me duele, porque me parece una falta de respeto.
Sé que internet tiene esos riesgos. Los asumo y los acepto (a regañadientes, eso sí). Pero nunca entenderé la falta de honestidad y de respeto que muestran algunos. Como tampoco entenderé qué satisfacción o beneficio sacan de que los lectores alaben o critiquen, comenten y opinen o aconsejen sobre textos que han copiado de otros.
11/04/2007
DE PIE Y DE RODILLAS

Ilustración: El Mendigo (Miguel Carlos Labra)
Tú eres un perro. Y yo también soy un perro. Por eso estamos juntos. ¿O qué te creías? ¿Que era por lo guapo que eres?
El mendigo habla con su perro, pequeño, blanco y negro, de raza indefinida, sentados ambos sobre una raída manta a las puertas de una tienda de Adolfo Domínguez. La calle Serrano tiene esos contrastes. Me paro frente al escaparate y disimulo mirando un traje.
Menos mal que ahora soy un perro, amigo, porque si no, nunca habría sabido que antes era una persona. Por eso sé que ahora soy un perro. El chucho intenta zafarse de sus manos mugrientas. No, escúchame. Estoy hablando contigo, ¿entiendes? Nadie más lo hace, así que escúchame porque soy el único que quiere hablarte. ¿Sabes lo que somos? … Y el perro suelta un ladrido y a mí se me escapa una sonrisa. Luego me doy cuenta de que la gente no sonríe. Miran de soslayo, serios, algunos tuercen el gesto, otros tratan de aparentar indiferencia y, muchos, casi todos, aceleran un poco el paso.
Somos carne picada, amigo. Las sobras de la comida, los restos que quedan en el plato. ¿Y qué se hace con eso, eh, eh? ¡Se tira a la basura! ¡Ellos lo tiran a la basura! Y se queda en silencio, mirando al vacío, y el perro, aburrido, con la cabeza apoyada en la manta, suspira…
De pronto, una carcajada rompe la escena picaresca. Una carcajada violenta, directa desde los pulmones del mendigo, que hace brincar a un matrimonio entrado en años, enjoyada ella, trajeado él, que pasa en ese instante por delante. El mendigo continúa riendo, mostrando sus encías melladas. El perro, por su parte, levanta ligeramente las orejas sin demasiada sorpresa.
¡¡Somos caníbales!! ...grita. ¡Nos comemos vuestra basura! Y vuelve a enmudecer mientras pasa bruscamente su mano por la cabeza del perro, a modo de caricia. ¿Lo ves, amigo? Somos perros. Y bajando la voz, casi susurrando, le repite a su amigo: Ya te lo decía. ¿Me has entendido? Perros. Perros…
Echo a andar en dirección a casa mientras vuelvo a colocarme el mp3 en la oreja. Las tiendas están cerrando. El mundo echa el cierre un día más, como otro cualquiera, sin notar ninguna novedad. O peor aún. Sin provocar novedades. En ese mínimo sector del mundo todo amanece igual cada día. Cada uno se sitúa en el lugar que se le ha asignado y comienza una jornada más de sus vidas. Estableciendo bien los límites entre cada uno. Dentro y fuera. Detrás y delante. Arriba y abajo… De pie y de rodillas.
Y yo llego al portal pensando en aquello de “los hombres somos seres racionales” mientras recuerdo que esta noche La 2 emite el documental “El alma de los verdugos”, sobre los crímenes cometidos durante las dictaduras argentina y chilena.
De pie y de rodillas…
20/11/2005
MIS RECUERDOS VUESTROS

Ilustración: Paisaje Nocturno (Diego Rivera)
Tenía once meses cuando Franco murió y no lo recuerdo. Lo digo, más que nada, por llevar la contraria a todos aquellos de mi edad que en esta fecha se empeñan en contar cómo recuerdan aquél día. Yo no recuerdo la muerte de Franco. Ni los meses posteriores. Sin embargo, recuerdo con nitidez las "torturas" infantiles a las que sometía a mi perro, un setter irlandés con nombre de dios griego. Recuerdo también las toallas que destrozaba jugando con ellas a disfrazarme, casi siempre de reina (¿para qué ser princesa, pudiendo ser reina?). También recuerdo la piscina de plástico azul que mi padre nos montaba en verano, recuerdo la impotencia que sentía cuando no podía capturar las pompas de jabón que mi hermana hacía, recuerdo la bolsa de plástico mugrienta en la que llevaba a todas partes mis dos muñecas y otro par de juguetes, recuerdo las peleas con mi hermano mayor y recuerdo perfectamente el día que, con cinco años, conocí a C., que hoy sigue siendo mi amiga. Pero de política, nada.
Mi primer recuerdo político, muy vago por cierto, fue el frustrado Golpe de Estado de Tejero. Recuerdo la televisión encendida todo el día en mi casa y una sensación de intranquilidad en mis padres. Pero sigo recordando y vuelve a venirme a la cabeza la etapa de confusión y celos que viví cuando nació mi hermano pequeño, las confidencias infantiles con C., la rabia que me daba que mi madre nos vistiera igual a mi hermana y a mí, las primeras "clases" de fotografía y astronomía que me daba mi padre, los regalos que mi tata me compraba en cuanto mi madre le pagaba su sueldo, los columpios que había enfrente de mi casa, desde donde solía planear mis venganzas contra mi hermano pequeño, el árbol donde construí con mis amigos nuestra primera cabaña, las carreras en bici, los veranos en el sur, con sus playas inmensas y la sensación de libertad que allí me invadía, mis primeros poemas, mis primeros besos, mis primeras decepciones amorosas… Y cuando les cuento todo esto a esos que me hablan del día en que murió Franco, me miran con cara de asombro y cierto aire de reproche. Como si yo tuviera la culpa de haber sido una niña feliz sin malos recuerdos.
Por eso, hoy le prestaría mis recuerdos infantiles a los que aún recuerdan a sus muertos. Para que se olviden de Franco. Para que no pueda seguir tiñendo de rojo los recuerdos de gente inocente. Para que no siga arrancando lágrimas de ojos valientes. Para devolver la dignidad a tanta memoria enterrada. Para que lo entierren de una vez. A Franco, sí. Que lo entierren de una maldita vez.
19/10/2005
LA CAJA TONTA
"¿Y tú a qué te dedicas?". Y yo respondo siempre con un escueto: "Soy periodista", con la vaga esperanza de que no ahonden más en el tema, porque sé de memoria lo que sucede después. "¿Periodista? Qué interesante. ¿Y dónde trabajas?". Y se acerca el momento temido. Por educación, no me suele quedar más remedio que contestar. Y hacerlo además con la verdad. "Trabajo en televisión". Dios, ya lo dije, ahora a poner buena cara cuando suelte lo siguiente. "¡En televisión! ¡Qué divertido! La gente que trabajáis en televisión os lo tenéis que pasar genial". Dios, ya lo dijo…
Esta escena se ha repetido decenas de veces en mi vida desde hace unos cuantos años. Hay distintas variantes para la frase final: cómo mola currar en la tele; a cuántos famosos conoces; me han dicho que los que trabajáis en la tele os pasáis el día entre porros y farlopa, qué suerte tenéis, cabrones; cómo es la tele por dentro; yo quiero un curro como el tuyo; es todo mentira ¿verdad?; debes ganar una pasta…
Nunca he entendido de dónde salen todas esas ideas, ni la fascinación que ejerce la televisión sobre determinadas personas.
Al principio, me esforzaba por sacarles de su error: a mi jefe sí que le mola, que le hago ocho o diez horas extras todos los días por la cara; conocer, no conozco a ningún famoso, más bien trabajo para ellos; ¿porros? ¿farlopa? pues yo diría que lo mío es tabaco y café; ¿qué cómo es la tele por dentro? pues igual que cualquier otra oficina, llena de mesas, teléfonos, archivos, máquinas de café; quizás ganaría una pasta si me pagaran todas las horas extras que hago, esas con las que sí gana una pasta el que no me las paga…
Pero ahora ya no me apetece esforzarme. Les digo que sí a todo y así se van contentos a casa, con la confirmación de todas sus sospechas, y se tiran en el sofá y con el mando a distancia manejan a su antojo las mentiras que yo creo, producto todas de mi adicción a los porros y la farlopa, porque la tele sólo crea toxicómanos, admiran a los famosos de los que me creen su amiga y confidente y, cuando aburridos o cansados, apagan y se van a dormir me envidian por tener un trabajo tan parecido a un prostíbulo.
Y ahora que lo pienso… quizás tienen razón.
…Y encima, pongo la cama.
04/10/2005
AL FINAL DEL INFINITO
Hay una esquina cerca de mi casa y esa esquina tiene dueña. Yo la llamo Carmen, porque su cara tiene ese nombre. Pero lo cierto es que nunca he hablado con ella. Nos cruzamos muchas veces, sobre todo por la noche, cuando yo vuelvo del trabajo y ella sale a recoger cartones y revolver basuras. Se mueve renqueante, tiene una edad indefinida, borrada por el alcohol y las noches al raso. Su pelo sucio y enredado es de un gris oscuro, su mirada de un negro profundo y cada una de sus arrugas cuenta una historia distinta. Nunca había escuchado su voz y, por su aspecto, me la imaginaba grave y masculina.
Hoy, cuando bajé a comprar, me la crucé en su esquina. Andaba sentada y ociosa, algo raro en ella, mirando al infinito con los ojos vacíos. Un par de señoras cargadas con bolsas de Carolina Herrera se apartaron altivas al pasar por su lado. Pero Carmen ni las miró. Sus ojos seguían buscando el final del infinito. Vi sus labios moverse, algo andaba murmurando. Y justo cuando pasé junto a ella, me miró directamente a los ojos y murmuró con un hilo de voz agudo y fino: "Manuel... Manuel... Manuel". Tres veces. Tres puñales. Tres lágrimas. Un nombre, tres veces...
Y apretó con fuerza el cartón de vino. Y el infinito volvió a robarme su mirada.
Han pasado ocho horas y sigo pensando en ella. En esos ojos cargados de pasados y en ese hilo de voz que salió de aquel cuerpo robusto y sucio.
Y sigo pensando en esas bolsas de Carolina Herrera con dos señoras colgadas de ellas. Que no rozaron sus ojos. Que no invadieron pasados. Que nunca se cruzaron con Manuel.
Y sigo pensando en Manuel, en ese nombre que le ha robado el techo, la salud y la cordura. Manuel, que debió abandonarla en algún punto entre ella y el infinito. En ese punto en el que yo me crucé durante un instante para partirle el sueño.
15/09/2005
MARES IGNORANTES

"El hombre es un náufrago ahogándose en el mar. Y, no obstante, es más grande que el mar: el hombre sabe que se muere, y el mar no sabe que lo mata" (Antonio Gala).
Nuestro mar es un inmenso cementerio lleno de nichos anegados. Nichos sin nombres, ni flores, ni visitas. Para muchos, el entierro perfecto. Para otros, la vergüenza y la rabia imperfectas.
De día, ese mar transmite calma y serenidad. De noche, sin embargo, se convierte en una inmensa mancha negra que impone y asusta. Pero para ellos, la esperanza y la desesperación pesan más que el miedo.
Sobre todo, el miedo… Eso me supera. El miedo que pasan al embarcar, mientras cruzan el Estrecho y cuando llegan a las costas españolas. No me gusta ver gente asustada. Miedo a morir ahogados, miedo a ser descubiertos y que les devuelvan a su país, con su miseria, con su hambre, con su futuro negro, miedo a un bosque oscuro que les recibirá nada más llegar a un país desconocido, miedo a morir de sed o hambre… Son muchos miedos entrelazados. Y mucha gente que negocia con el miedo…
Desde Tarifa, África parece estar al alcance de la mano. Un cartel en el acceso a la playa te marca la distancia: "África: 15 kms". Quince kilómetros de mar. Supongo que muchos, mirándonos desde África, pensarán lo mismo: "España al alcance de mis manos, mi futuro y el de mi familia al alcance de mis manos".
Intento imaginar el hambre, el frío, el agotamiento y, sobre todo, el miedo que sienten y no es justo. Los políticos se refieren a ellos como "ilegales", "sin papeles", "indocumentados" y no sé si, en algún momento, se plantean que son, simplemente y por encima de todo, seres humanos buscando una vida mejor. Y siguen haciendo negocio con la esperanza…
En Tarifa, las cosas se entienden de una manera distinta. Allí la realidad te golpea en la cara con el puño cerrado. Cuando caminas por la playa y ves restos de lanchas neumáticas enganchados aún en las rocas. Cuando en los bosques que beben de las playas te encuentras ropa y zapatos abandonados. Cuando los tarifeños te cuentan sus historias de ayudas clandestinas en noches oscuras. Cuando te hablan de esos ojos llenos de miedos, de fríos, de hambres, cuando te explican las curas que hacen a pieles quemadas por sal y gasolina…
Pero de poco sirve. Sus vidas siguen siendo un negocio. Y sus muertes, un buen trato…
13/07/2005
SIETE DÍAS, OCHO MIL MUERTOS

Imagen: Cementerio Nevado (Srebrenica)
8.000 varones asesinados a sangre fría en apenas siete días. Edades: entre los 12 y los 75 años. Religión: Musulmana. Año: 1995. Asesinos: Ratko Mladic (entonces general de las tropas serbias) y Radovan Karadzic (entonces presidente de la República Serbia).
No es mi intención ser demagógica, pero creo que es un momento oportuno, tras el atentado de Londres, para recordar que no siempre los musulmanes son los asesinos. También existen víctimas entre ellos. Y estos días se conmemora concretamente el asesinato de 8.000 de ellos en la que se considera la mayor masacre ocurrida en Europa después de la Segunda Guerra Mundial.
Durante la Guerra de los Balcanes, el Consejo de Seguridad de la ONU estableció una serie de pueblos y ciudades como "zonas de seguridad", que debían ser respetadas por todas las partes en conflicto. Estas zonas fueron Sarajevo, Tuzla, Zepa, Gorazde, Bihac y Srebrenica. A esta pequeña ciudad se desplazaron miles de civiles musulmanes, huyendo de la persecución a la que eran sometidos por los serbios. Hasta allí llegó también una pequeña fuerza de UNPROFOR (Fuerza de Protección de la ONU), formada por 400 soldados holandeses escasamente armados. 400 soldados para defender a cerca de 50.000 civiles… Quizás es que la ONU aún no había tenido pruebas suficientes de la fiereza, la locura y la saña sangrienta de los serbios y del poco respeto que sentían por la "Comunidad Internacional". O quizás es que, una vez más, su prepotencia les hizo pensar que son el Organismo y la Fuerza más poderosa del planeta.
En julio de 1995 las tropas serbo-bosnias llegaron a Srebrenica y comenzaron el asedio. El general Mladic, a quien un mando de UNPROFOR describió como "un pitbull, cuando siente tu miedo, te salta a la yugular", tenía órdenes precisas del presidente serbio, Karadzic, de acabar con todos los varones musulmanes que se encontrara. Los holandeses no pudieron hacer nada (¿o no lo intentaron siquiera?). Entre el 12 y el 19 de julio, sin pestañear, sin una mínima muestra de remordimientos o de conciencia, los soldados de Mladic asesinaron a todos los varones que encontraron en Srebrenica. No contentos aún, los diseminaron por fosas comunes, removiendo y cambiando de lugar varias veces los cuerpos, para dificultar su localización e identificación.
Este ha sido con toda seguridad el mayor fracaso y la mayor vergüenza de la ONU en todos los años de su existencia. Y, sin embargo, aún tuvieron el valor, cuando se firmó la paz en Dayton y se decidió el reparto de los territorios, de entregar Srebrenica a la República Serbia. "Premiaron su limpieza étnica", como dice el ex jefe de policía de esta ciudad. Una ciudad habitada hoy mayoritariamente por mujeres viudas y madres sin hijos, mujeres sin lágrimas, mujeres para las que el tiempo presente y futuro no existe, mujeres que siguen arañando la tierra en busca de unos huesos, mujeres que todo lo tienen enterrado, menos el dolor y el recuerdo.
Y mientras ellas tratan de desempolvar su dignidad y encontrar un lugar donde dejar reposar su pasado, Mladic y Karadzic siguen en libertad.
Y me asusta pensar en la regla de tres que rige en la ONU. Si para 50.000 civiles había 400 soldados, ¿cuántas personas tendrá la ONU para buscar a dos asesinos?
10/05/2005
IMPUNES ABUSOS
¿Nos hemos vuelto locos o qué? Cinco activistas de Greenpeace serán juzgados hoy por manifestarse pacíficamente contra la guerra de Irak el 14 de marzo del 2003. En total, se enfrentan a doce años de cárcel por haber realizado un bloqueo simbólico a los buques de guerra que se preparaban para salir de la base militar de Rota.
¿Las personas que piden y luchan por un mundo en paz van a la cárcel y los que asesinan a miles de civiles inocentes sólo por su desmedido afán de poder son los que los juzgan?
¿Cuándo pagará alguno de ellos por no respetar jamás los Convenios de Ginebra, por usar armas prohibidas, por inventarse motivos para invadir ilegal e inmoralmente un país, por manipular unas elecciones, por torturar y humillar a miles de personas, por todas las masacres que cometen?
Juraría que alguna vez alguien me explicó que todo esto son delitos que se pagan con prisión. Pero quizás estoy equivocada…
http://www.greenpeace.org/espana/
01/04/2005
DESENTERRANDO OLVIDOS
No quería tocar este tema. Prefería guardar silencio y no darle más publicidad. Pero un mensaje en el móvil hace unos días me arrancó definitivamente la indignación. Es tan fácil alterarme cuando se tratan temas como los derechos humanos y la dignidad... El mensaje en cuestión decía así: "Los españoles católicos, blancos y heterosexuales pensamos que, estés donde estés, siempre estarás con nosotros. Gracias caudillo. Arriba España". Remitente: desconocido (por supuesto).
Hoy, movida por el recuerdo que los fachas aún guardan de Franco, quiero también yo recordar a sus víctimas, esas de las que parece que todos se han olvidado. Porque él yace en una tumba faraónica, en el Valle de los Caídos, mientras aún más de treinta mil de sus víctimas se descomponen en fosas comunes sin localizar.
España es un país de muertos no identificados, de huesos esparcidos por cunetas y de familias que no saben dónde dejar sus flores. En esas fosas, unas 800 repartidas por todo el país, hay hombres jóvenes, mujeres embarazadas, niños, ancianos cuyo único delito fue defender con las armas y la palabra el gobierno legítimo de España ante la sublevación de Franco.
Y me emociona ver cómo muchos españoles se manifiestan en contra de Pinochet y apoyan a las Madres de Mayo. Y me duele ver cómo muchos españoles ni siquiera saben lo que tienen bajo sus pies. La gente se horroriza cuando oye hablar de los tristemente famosos "vuelos de la muerte" argentinos y quizás ignoran que el Funeralísimo, como Alberti lo llamó, tenía su versión marítima: barcos que zarpaban llenos de prisioneros asustados y volvían cargados de crimen y sangre. Quizás ignoran también que tras arrojar a los republicanos a las fosas comunes los rociaban con cal viva, también es posible que ignoren que a muchas mujeres las rapaban y las purgaban con aceite de ricino, o que a los prisioneros los interrogaban arrodillados sobre puñados de garbanzos y, una vez que las rodillas empezaban a sangrar se las "aliñaban" con un poco de sal.
Quizá para unos pocos sea bonito seguir viviendo del recuerdo, pero yo prefiero ir de la mano de los que viven aún en la tortura del olvido.

















